El Hno. Policarpo nos habla - Agosto

8/19/2015

 

Hoy compartimos con ustedes algunas frases extraídas de cartas del Hermano Policarpo. En ellas podemos ver cómo daba importancia a la unión profunda de cada Hermano con el Corazón de Jesús

 

  • No olviden que todos ustedes son Hermanos del Sagrado Corazón y que, en calidad de tales, deben arder en las mismas llamas que lo consumen.

 

  • El celo de la gloria de Dios y la salvación de las almas: tal es el fuego que lo devora; ese horno encendido debe abrasar también sus corazones...

 

  • ¡Ah, quién me diera introducirlos en lo íntimo del Corazón adorable de Jesús y entrar allí con ustedes para ser abrasado y consumido en las llamas de la divina caridad! Yo lo haría encantado; y pienso que entonces tendrían de qué mostrarse agradecidos...

 

  • Si les parece, nos daremos cita en el divino Corazón por la mañana y la tarde en el rezo del oficio y en la santa misa, que trataremos de oír con los sentimientos del más puro amor. Arréglenselas para no faltar...

 

  • Ruego al Sagrado Corazón de Jesús que provoque un incendio en el de ustedes para consumirlo en el fuego celestial y aniquilar cuanto en él pueda existir de afecto por la criatura.

 

  • Unan sus oraciones a las mías y pidan al Salvador que les conceda un lugar en su Corazón sagrado, a fin de que puedan fijar en Él su morada para siempre y sea su lugar de refugio, sobre todo, en tiempos de combate y desolación.

 

  • Acabo, mis buenos y amadísimos Hermanos, recomendándoles la unión y la caridad. Sí, vivan de manera que su pequeña comunidad parezca estar compuesta por una sola persona. Que no exista entre ustedes más que una sola voluntad y un solo juicio.

 

  • Estén todos animados por el espíritu de Dios. Que el celo de su gloria los abrase y los consuma. Si desean procurarme algún consuelo, vivan como per­fectos religiosos. Sirvan al Señor en espíritu y en verdad.

 

  • Permanezcan muertos y crucificados al mundo y a todo lo que es del mundo... Recen por su Congre­gación y por quien sigue siendo, en Nuestro Señor, todo suyo en la vida y en la muerte.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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