El mes de María, según el Hno. Policarpo


Hace una semana, para conmemorar este mes de María, publicábamos algunas frases de nuestro Fundador, el Padre Andrés Coindre, dedicadas a la madre de Jesús. Ahora copartimos algunas frases referidas a la Virgen, escritas por el Venerable Hermano Policarpo, nuestro segundo Fundador. Podemos ver también en la devoción mariana, una continuidad entre el espíritu de ambos. Que su testimonio nos ayude a amar cada día más a nuestra madre del cielo,’


  1. Tendré siempre una gran devoción a la Santísima Virgen.

  2. Me ofrezco a ti ¡Virgen santa!, para llevar al divino Niño: deposítalo en mis brazos, a fin de que tome yo parte en tus solicitudes y alegrías maternales.

  3. Dígnate obtenerme, ¡oh María!, la gracia de conservarlo siempre presente en el centro de mi corazón cual germen de amor. Obtenedme, además, que este germen de amor se transforme en un inmenso árbol de frutos para la eternidad.

  4. ¡Oh!, ¡quién me diese a gustar las delicias inefables que inundaron el Corazón de mi divina Madre en la primera aparición de su Jesús resucitado!

  5. Tu alma desborda de gozo; tú conoces cosas admirables sobre la Resurrección, sobre el triunfo de tu Hijo; y mientras todo el mundo se empeña en hablar de ello a porfía, tu, Virgen siempre humilde, guardáis un profundo silencio. ¡Qué lección para mí!

  6. Nuestra Congregación no puede permanecer indiferente a esta manifestación de una diócesis en la que estableció su residencia a partir de su nacimiento (…) A las ofrendas de las comunidades estará bien que se añadan las de sus escuelas. Harán una colecta en las clases, aceptando el donativo, por modesto que este sea, de cada uno de los niños, haciéndoles ver que se trata de un regalo que ofrecen a María.

  7. Nos reuniremos, Hermanos, en los Sagrados Corazones de Jesús, nuestro buen Maestro, y de María, refugio de pecadores, a fin de atraer sobre ellos las gracias que reclama su estado.

  8. Consideremos con María todas las maravillas realizadas en la encarnación y nacimiento del divino Salvador. Esas maravillas, las meditaba de continuo en su espíritu; su corazón ardía totalmente inflamado en ellas.

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