Sesión internacional de formación en el Carisma Corazonista II

Seguimos compartiendo información sobre la Sesión internacional de formación en el carisma Corazonista, que se llevó a cabo en Lyon (Francia), del 4 al 18 de julio pasados. En total (entre participantes y grupo organizador) el grupo fue de 23 personas, provenientes de España, Brasil, Argentina, Perú, Colombia y Uruguay.


Dejamos ahora que sean nuestros propios participantes del encuentro quienes nos cuenten cómo fue su experiencia:


Coordinador de Pastoral de Temperley


Ante todo quiero agradecer a Dios la Gracia de poder participar de este encuentro y, en segundo lugar, a ustedes, Hermanos del Sagrado Corazón, por elegirme y confiar en mi formación en el carisma.


Otro párrafo aparte de agradecimiento a los Hermanos franceses, que nos han recibido muy bien y han estado en todos los detalles. Son muy cálidos y fraternos, desde su provincial hasta los que nos han acogido en la Casa Coindre.


En estos días en Lyon he redescubierto en primer lugar la figura del Padre Andrés Coindre. Pude entender muchas cosas partiendo de su vida y de su entrega a los jóvenes. Confirmé que mi apostolado me “remite a la acción escondida, pero poderosa de Dios”. Pude evaluar mi trabajo y mi espiritualidad aquí, donde todo empezó. Cada huella, cada lugar, cada palabra, cada obra realizada guardan, sin duda, una gran enseñanza que sólo puede ser descubierta, vivida y anunciada desde el Corazón de Jesús.


Fue muy importante compartir con colegas de Perú, Brasil, Colombia y España y, por supuesto, con mis tres compañeros de América Austral. No todos los que participaron son docentes en colegios, hay mucha diversidad de trabajo y dones, pero pude experimentar el Carisma, viendo al compartir con ellos, la entrega y la espiritualidad que cada uno pone en su tarea.


Siento ante mí un gran desafío de contagiar el Carisma a mis colegas y alumnos. Sobre todo un gran compromiso de colaborar más estrechamente aún con los Hermanos, en el crecimiento y la propagación del carisma.



María Ileana Ruiz Pousada (Vicedirectora de Primaria de Benito Nazar)


Los caminos de Dios: Una invitación…una respuesta.


Cuando respondí que sí a la invitación de los hermanos a participar de la sesión de Lyon 2016, nunca me hubiera imaginado que ese “sí” no era a ellos sino al mismo Jesús que me invitaba a descubrirlo.


Iglesias del siglo XVI, XVIII, calles y caminos que transitó el Padre Andrés Coindre, la casa donde vivió, donde tal vez soñó la obra, están ahí frente a mis ojos. Y me pregunto ¿Habrá tenido dudas? ¿El cansancio lo habrá vencido algunas noches? ¿El desánimo lo habrá abrazado en las dificultades?


Preguntas que no tienen respuestas o tal vez sí. Viendo a los Hermanos mayores, escuchándolos hablar, percibiendo con qué amor cuidan las paredes de la casa del fundador, observando la alegría que mantienen abandonados a la voluntad de Dios, sabiendo y confiando que su legado quedará en buenas manos, trasmitiendo con tanto amor lo que llevan dentro.


Después de vivir experiencias inolvidables creo que mi vida tiene que ser la del creyente que vive la fe día a día y que no vacila en confesarla, la fe no debe ser vacilante sino firme e inquebrantable.


¡Cuánto se habla en estos días de persecución, con cuánta ligereza se juzga, qué avidez de noticias, qué nerviosismo tan poco cristiano, qué de faltas se cometen y cometemos casi sin darnos cuenta!


Y es ahora cuando debe conocerse el temple del alma que tenemos, cuando se debe poner de manifiesto nuestro espíritu de fe, es ahora cuando debe delatarse nuestra confianza en la Providencia, cuando deben distinguirse las verdaderas virtudes de las falsas, cuando se revela la firmeza de la doctrina, cuando debe apreciarse la sólida piedad.


Esta obra se inició con Hermanos que desde el primer momento entendieron la misión. Emprendieron ese largo y sinuoso camino. Es ahora y junto a ellos, como sucesores de su labor, que debemos redoblar la oración, derrochar caridad y prudencia, alentar y consolar al prójimo, prodigar misericordia, tener y dar paz.


Puedo responder que la misión del Padre Andrés y del Hermano Policarpo se está cumpliendo y que perdurará en el tiempo, en la medida que haya en la tierra la presencia de alguna persona que avive el fuego del amor por el Sagrado Corazón.


Tengo la certeza de que es Dios quien nos elige. Frente al llamado somos nosotros quienes tenemos la respuesta y para ello necesitamos tener plena confianza en Él, como lo hicieron los primeros Hermanos y todos los Hermanos que son ejemplo de vida hoy.



Silvia García (Vicedirectora de Primaria de Venado Tuerto)


Estar en Lyon, en la casa del Padre Andrés Coindre, en el lugar donde todo comenzó. Caminar esas calles, visitar los lugares donde predicó, donde buscó a los primeros hermanos. Conocer detalles, imaginar sus caras, sus expresiones. Entender las dificultades de la época y maravillarme por la fuerza y el coraje de los fundadores. Comprender, en el sentido más amplio la misión. Escuchar las palabras del Padre Coindre, de los primeros Hermanos y del Hermano Policarpo, dichas hoy por otros Hermanos, que después de tantos años mantienen ese fuego encendido. Estos Hermanos que conservan vivo el deseo de los fundadores, transmitiendo con alegría y esperanza el mensaje.


Los Hermanos que allí conocí: los de Francia, custodios de la Maison Coindre; los de España y Canadá, que conocen los detalles de la historia y los transmiten con tanta dulzura, alegría y emoción que nos lleva a pensar que fueron testigos presenciales de aquellos hechos.


Revivir esos momentos, los primeros, los más complejos, donde se necesitaba mucho coraje, fe, confianza en el amor infinito del Sagrado Corazón y en el amor y entrega de todos los implicados en la obra, me deja un profundo sentimiento de pertenencia y una inquietud en el corazón… ¿estaré haciendo todo lo que puedo o puedo hacer algo más?


Y a esto debo sumarle el encuentro con Hermanos y laicos de Brasil, Perú, Colombia, Canadá, España y Uruguay, que compartieron sus experiencias. Todas distintas pero todas iguales, porque tienen la misma brasa encendida en sus miradas, los mismos gestos, el mismo cariño, una entrega y disposición única. No puedo dejar de emocionarme al recordar esos momentos en que cada uno contaba lo que hacía en su centro, como vivía la misión, con cuánta ternura compartía su entrega diaria.


Comprendí allí qué es el “carisma”, qué es ser “corazonista”. Y me llena de esperanza y de orgullo. Esperanza porque sé que el deseo del Padre Andrés Coindre está vivo en cada uno de los colaboradores de su obra y que ese don del Espíritu nos ha mantenido atentos para adaptarnos a las nuevas necesidades de niños y jóvenes. Y orgullo por ser parte de esta hermosa comunidad.


Tengo mucho para agradecer a los Hermanos del Sagrado Corazón. La mayor parte de mi vida me sentí corazonista y esta oportunidad que se me brindó es un cariño que nunca olvidaré.


Pido al Sagrado Corazón que mantenga nuestras miradas atentas a todas las necesidades y que no nos demoremos en responder con nuestra ayuda.

“Danos Señor un corazón grande para amar;

danos un corazón fuerte para luchar.”

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