¡Día del Hermano Policarpo!


Hoy, en nuestra Provincia de América Austral, celebramos el Día del Hermano Policarpo. Tradicionalmente se seleccionó esta fecha por ser el primer viernes (día dedicado al Sagrado Corazón) más cercano al 30 de septiembre (fecha de fundación del Instituto).


En este mes de las misiones, rescatamos el pensamiento misionero del Hermano Policarpo. Lo explicitó en sus Reglas de 1843 cuando escribió:


“Es propio de su vocación el viajar por diferentes países y fijar su morada en cualquier región del mundo en la que puedan esperar dar a Dios mayor servicio y ser más útiles a la salvación de los niños”.


Y en la circular del 19 de junio de 1846 (Fiesta del Sagrado Corazón) en la que invitó a sus Hermanos a dar sus nombres para ofrecerse como misioneros para la lejana América, encabezando la lista con el suyo propio, decía:


“Un vasto campo se nos acaba de abrir en el Nuevo Mundo. Contando con vuestro celo apostólico, vuestro sacrificio y vuestra generosidad, acabo de prometer a un santo Obispo de América cinco Hermanos para su extensa diócesis. Sondeemos nuestros corazones y nuestras disposiciones; veamos hasta dónde pueden llegar nuestros sacrificios personales y si queremos inmolar nuestras comodidades, nuestra libertad, nuestra salud, nuestras fuerzas, nuestra misma vida por causa tan noble.


¿Os creéis capaces de sacrificar patria, amigos, parientes y bienes para marchar lejos a descubrir los inagotables tesoros del Corazón de Jesús? ¿Añadís a esta disposición la suficiente facilidad para aprender una nueva lengua, una salud a prueba de sudores y fatigas que semejante misión requiere? ¿Podrán vuestra entrega y vuestro ánimo vencer los obstáculos y peligros que encontraréis en esta empresa cargada de celo apostólico?


¿Acaso esperamos encontrar alguna vez una oportunidad más favorable para viajar a tierras de misión? Resueltamente elevo mis plegarias al cielo desde lo más profundo de mi corazón, para que me sea dado contarme en el número de estos privilegiados”.


En esta oportunidad sus plegarias no fueron escuchadas, pues el Señor tenía para él otros planes. Ese mismo año era elegido Superior General por segunda vez, ésta en forma vitalicia, y, muy a su pesar, no pudo concretar este anhelo misionero de su corazón. Igualmente, con su aliento constante y con su oración, el Hermano Policarpo fue un gran sostén para aquellos primeros misioneros, y su espíritu marcó sin duda la orientación futura de nuestro Instituto.

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