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Testimonios de la Sesión Internacional del Carisma 2019 (III)

Hay experiencias que son como un aljibe en el cual uno saca agua cada vez que lo necesita, el encuentro de la SIC ha sido una de ellas. Si me pongo a pensar que es lo que más me enriqueció, respondo que todo ha sido como vertientes que han alimentado la misma experiencia y la han enriquecido de significado. Se destaca la convivencia con personas de otras realidades, de otros países, tan distintas y a la vez tan cercanas, con esa sintonía que nos hace saber que hay algo que compartimos: una forma de espiritualidad, de ver las cosas, de educar, de vivir como cristianos… o sea, un carisma.

En diferentes realidades compartimos el mismo carisma y eso nos pone en la misma mirada, que se enriqueció con el compartir mutuo que se dio en el diálogo, en las experiencias generadas en los momentos festivos, en los paseos y en la reflexión suscitada en las charlas.

No estaría completo mi relato si no contara algo que iluminó toda la experiencia: el ver una comunidad de Hermanos presente, algunos formando un equipo organizador, otros como acompañantes y otros como anfitriones, todos juntos abocados a la misma experiencia: ¡Cuánto esmero! ¡Cuánto esfuerzo! Y así volvemos al principio: todo ha alimentado esa experiencia, que contagia carisma, que transmite amor.

Y eso lo llevo… lo llevo todo junto y lo voy volcando en el contacto con mis alumnos, con mis compañeros de trabajo, mirando con otros ojos las diferentes situaciones de cada día. Sabiendo que no estoy solo, sino que somos un montón de personas volcando la misma vivencia en lo cotidiano, viviendo el mismo carisma… y somos varios… esto me mostró la SIC, algo tan sencillo y a la vez tan extraordinario.

Guillermo Tassone

Preceptor de Lomas de Zamora

Transcurría el mes de octubre del pasado año cuando recibí la invitación a participar de la Sesión Internacional del Carisma, la cual tendría lugar el presente año en Argentina. Mucho sabía de la Sesión por mis compañeros que ya habían participado, pero, tal como lo expresaban, no podían trasmitir lo vivido en palabras, era un camino que había que transitar de manera personal… y así fue, rápidamente supe de qué hablaban.

El 27 de abril ingresé al colegio Manuel Belgrano con mi valija cargada de emoción y ansiedad y el corazón alborotado por aquello que iba a vivir y sabía, a priori, que sería realmente importante. Con el devenir de los días me fui interiorizando más y más de la historia y las obras del Padre Andrés y del Hno. Policarpo, en la vida de cada centro, en la realidad de cada persona… y así fue como comprendí prontamente que todos estábamos donde debíamos estar.

Cada historia personal, cada recorrido individual que nos llevó a las diferentes comunidades Corazonistas, me hizo pensar, tal como lo expresó un Hermano en la Sesión: “El Señor nos señala con el dedo y nos dice: “Eh, tú”. Y ninguno de nosotros miró para otro lado. La SIC ha sido un generoso llamado más y ahí estuvimos todos, poniendo lo mejor de cada uno.

Cada presentación era impecable y siempre nos quedábamos con ganas de más, de aprender más, de compartir más, de vivir más. En cada espacio, tiempo libre o descanso compartíamos lo vivido, nos acercábamos al otro con el deseo de conocernos y poner en palabras lo que estábamos sintiendo.