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40º aniversario de la Misión COR JESU

“¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24, 32)


El 13 y 14 de octubre nos reunimos representantes de los diferentes grupos de la Misión Cor Jesu en el colegio Sagrado Corazón de Venado Tuerto. Este encuentro tuvo como principal objetivo conocer y realizar un repaso histórico de las personas y experiencias vividas desde los inicios hasta el día de hoy, para conmemorar así cuarenta años de misión en comunidad.


Durante estos días reflexionamos y compartimos experiencias referidas a los tres pilares fundamentales de la Misión Cor Jesu: fraternidad, espiritualidad y misión. Pero, a través de diferentes dinámicas y el constante trabajo en equipos, nos propusimos ir más allá y pensar cómo el Espíritu fue soplando y nos fue guiando a los diferentes grupos misioneros a lo largo del tiempo. Para ello fue necesario pasar por la cabeza y el corazón las vivencias de cada grupo misionero y plantearnos cuáles son los principales desafíos de cara al futuro y cómo mantener viva la llama del Corazón de Jesús, que año a año contagia e ilumina los corazones de aquellas personas que misionan y son misionadas.


Es en la fraternidad donde todo comienza. Es aquí donde Jesús nos muestra claramente el camino que debemos seguir. Fue en la vida en comunidad donde Cristo se hizo uno con los suyos, por medio de un amor que no se retiene nada, que lo da todo y se da del todo: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado, así ámense ustedes. El amor mutuo entre ustedes será el distintivo por el que todo el mundo los reconocerá como discípulos míos” (Jn 13, 34-36).


Por otro lado, la espiritualidad del grupo misionero Cor Jesu brota de la contemplación de Cristo, cuyo Corazón abierto significa y manifiesta el amor infinito de Dios a los hombres. Esta espiritualidad es todo un desafío, ya que nos propone un plan de vida como Corazonistas y nos invita a ir transformándonos día a día para vivir en un estado de alegría y búsqueda constante.


Finalmente, la misión nos lleva a ese apostolado activo, verdaderamente conscientes del regalo y la responsabilidad que supone ser miembros de la comunidad que da testimonio no sólo durante el tiempo de misión sino también el resto del año en nuestra vida cotidiana. Como misioneros llevamos a Jesús en nuestros corazones y es en la fragilidad de su barro y en las marcas de nuestra historia donde encontramos la humildad y la nobleza que nos identifica y nos hace únicos.


Si bien cada grupo misionero está atravesado por sus costumbres, dinámicas, estructuras y realidades particulares, llegamos a la conclusión que todos los grupos misioneros convergen y se entrelazan en un mismo carisma que nos da identidad. Este carisma nos hace Corazonistas y, como tales, debemos ser portadores de un mensaje de amor puro, cálido, sincero y amistoso; debemos difundir que hay un amor que crea y salva y que nunca nos deja solos.


Este es nuestro objetivo como Misioneros Corazonistas: consolidarnos en la fe personalmente y en comunidad, vivirla plenamente y llevarla como estandarte para iluminar, amar y llevar alegría, paz y esperanza a un mundo donde sólo importa el hoy. Queremos llevar palabras de vida porqué Dios no está muerto, sino que vive en el corazón de cada uno de nosotros y camina siempre a nuestro lado.


Nuestro punto de partida, apoyados en el Espíritu, es trabajar para poder ser misioneros hoy y siempre y así vivir en estado de misión.


¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡Ametur Cor Jesu, Ametur Cor Mariae!


Guido Bianco y Josefina Rognone



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