¿Cómo se está viviendo este tiempo en el jardín?

Al mirar hacia atrás y poder poner palabras a lo vivido durante este tiempo, la sensación de haber pasado por distintas emociones nos invade. Lo más impactante es que son tiempos de incertidumbre generalizada, que todos estamos pasando por lo mismo, en eso radica la diferencia con otras situaciones.


Vivimos con alegría la noticia de comenzar este año en la presencialidad, se vislumbró como una luz de esperanza. Sin embargo, en el mes de mayo, la noticia del regreso a la virtualidad nos provocó nuevamente una tristeza que fuimos superando con el correr de los días. La idea de repensar una nueva organización personal, familiar, escolar nos inquietaba. Paralelamente, surgió la creciente necesidad de sostener, desde esa perspectiva, vínculos afectivos, encuentros con los alumnos y compañeras de trabajo, manteniendo el respeto y la generosidad con el otro para hacer más llevadera esta situación. Aferrarnos a las redes de contención afectiva fue la salida.


Al regresar al Jardín con los niños, consideramos prioritario detenernos y mirarlos. Proteger su infancia, observarlos jugar y encontrarse con sus pares, con quienes durante mucho tiempo no lo hicieron, escucharlos y generar espacios en donde puedan expresarse y ser ellos mismos.


Nos preocupa, a veces, la vida que vivimos los adultos, apurados, planificando todo, dejando pasar por alto detalles simples, pero no por eso menos importantes. Ellos, los niños, en su simpleza, nos permiten ver la necesidad de dar gracias a Dios por un nuevo día y descubrir la importancia de las palabras de Jesús: “si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos” (Mt 18, 3).


Entre tanta agitación, corridas y preocupaciones que nos invaden, encontrar la tranquilidad y la paz, en ocasiones, resulta difícil; vivimos con la incertidumbre de no saber qué pasará mañana. Nuestra identidad Corazonista, en su sentir, nos da la paz deseada en el encuentro con Jesús, que nos recibe en su inmenso Corazón donde entramos todos: los inseguros y los valientes, los alegres y los deprimidos… frente a esta realidad inédita, Él nos acoge y nos protege.

Confiar es una palabra que circula entre nosotros, los Corazonistas, y la vivenciamos a diario. Confianza en nuestro Padre, en nuestros compañeros, en nosotros mismos; pero principalmente en nuestros niños, nuestros grandes maestros: resilientes, valientes y con gran poder de adaptación. Fueron ellos, en su simpleza e inocencia, los que en un encuentro virtual nos ofrecieron y generaron en nosotros las palabras y la actitud necesarias para seguir animándolos en el vínculo y en el camino del aprendizaje.


Esta confianza al Padre mitiga los “me siento cansada, triste…” y nos devuelve la esperanza y la alegría. Sabemos que estamos haciendo historia en un contexto que nos lleva a pronunciar las palabras del Padre Andrés Coindre: “Animo y Confianza”. Hoy, a 200 años, tan reales y presentes.


Maestras de Jardín de Venado Tuerto

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