Convivencia de Confi-Misión

Cuando hablamos de los sacramentos decimos que son aquellos momentos “donde Dios se hace presente”, pero hay otro momento especial donde, aunque no haya ningún sacramento, Dios está más presente que nunca: en comunidad.


Hace un par de años empecé mi camino de fe en el grupo de Confirmación del colegio y lo que allí me encontré fue mucho más que un grupo de personas que iban a escuchar la Palabra y aprender algunas cosas sobre religión. Me encontré con un grupo de jóvenes que vivían la fe de una forma tan, pero tan peculiar y SIN MIEDO. Poco después de confirmarnos creamos lo que hoy en día es el grupo misionero (¡uff, eso sí que costó!)


Y este año, una semana antes de Pascua, nos fuimos de convivencia (retiro) con los chicos que hoy en día están preparándose para la Confirmación.


Se me hace muy difícil explicar con palabras lo que allí se vivió. Era el Espíritu Santo actuando más que nunca. Viviendo allí, con nosotros, en cada lectura, en cada oración, en cada abrazo, cada sonrisa e, incluso, cada llanto. Y de eso se trató la convivencia: de encontrarnos a nosotros mismos en nuestro camino de fe, saber dónde estamos y, lo más importante, saber que Cristo está en cada momento de ese camino, en nosotros y en nuestros compañeros. Después de esos días puedo afirmar que, sin duda, uno no puede ser cristiano solo, sino que se es cristiano en comunidad, viviendo como hermanos.


Reflexionamos con la Palabra, especialmente con la frase de Jesús “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6); intentamos descubrir cómo y por qué esto es una realidad en nuestra propia vida. Compartimos en grupos, tuvimos momentos fuertes de oración por las noches, los tiempos libres y las comidas afianzaron nuestra fraternidad, vivimos la Misa del Domingo de Ramos con mucha gente en el Santuario de María Auxiliadora… Y en todo esto Jesús estuvo presente.


Fue asombroso, Dios nos sorprende en cada convivencia, aunque no siempre es fácil. A veces nos toca enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades y, sin embargo, de ahí salimos más fuertes y más felices que nunca porque Dios nos da tanto amor sin ni siquiera pedírselo, en nuestro corazón y a través de los demás.


Cada uno tiene un camino de fe distinto: algunos son más rectos, otros inclinados, algunos con cascadas… pero lo más importante es entender que Jesús está en cada pasito que damos, aunque a veces se nos ponga borrosa la vista y no lo vemos con claridad. En las instancias de convivencia casi que los vemos sentado al lado de nosotros, tomando un mate y comiendo pan con manteca a la hora de la merienda. Pero de estos días nos llevamos que Jesús no es un simple compañero en nuestro camino, si no que Él es el camino, la verdad y la vida.



Julieta Salomone

Exalumna del Colegio de Montevideo




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