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Misión Chascomús 2023


Misión Chascomús 2022… ¡digo, 2023! Todavía no me acostumbro al cambio de año. Todo empieza muy rápido: corriendo con los festejos de año nuevo, envolviendo en papel film cincuenta cajas de cucharas, coronas de goma eva y más velas de las que podemos contar; cuando, de repente, ya estás en la misa de envío, recibiendo tu cruz misionera junto a tus hermanos que te acompañarán durante diez días, cargados de muchos sentimientos y emociones, aprendiéndote otra vez la canción del lema que vas a escuchar todos los días. Esa noche volvés corriendo a tu casa para terminar de armar el bolso, esperando que la remera que lavaste a último momento se seque para el otro día, así te vas a acostar y te das cuenta que la emoción no te deja dormir.


De pronto suena la alarma y saltás de la cama muy temprano (a las 6:00 tenés que estar en el colegio porque el Hno. Mario se va con el micro). Agarrás el bolso y salís corriendo para el punto de encuentro, dejando atrás probablemente la pasta de dientes o el paquete de galletitas que te pidió el grupo de comunitarias. En el colegio te encontrás con las pe

rsonas que por diez días (o quizás un poco más) van a ser tu apoyo y tu fuente de sonrisas y subís al micro para dar comienzoal viaje.


En el momento en que te sentás cambia completamente tu energía. Pasas de correr todo el tiempo a detenerte para compartir mates con tus hermanos a cualquier hora, a escuchar guitarras y ukeleles ensayando todos los días las canciones de misa, a que la frase que más escuches sea “¿en qué te ayudo?”.


En la misión te ves rodeado de un clima muy fraterno, donde te encontrás con vos mismo y con Dios, cada uno desde su manera particular. Pero también comienza el cansancio, el desgaste y el sueño. En ese momento empezás a apoyarte verdaderamente en esos veintiséis misioneros que, de un día a otro, reconoces como hermanos. Empezás a compartir y a escuchar, a dar un servicio hacia el otro desde el amor, tanto a la comunidad de Chascomús como al grupo que te acompaña: desde ir a visitar el barrio más alejado al rayo del sol y poner una sonrisa a la casa que nunca te abrió la puerta, hasta quedarte charlando con tu hermano que necesita ese compartir en el horario de la siesta; desde preparar los juegos y sketches para Epifanía o el fogón de despedida, hasta organizar el “bautismo” de los misioneros nuevos o actividades de estiramiento mañaneras.


Las actividades van desgastando tu energía, pero te das cuenta que ese cansancio es meramente físico,

ya que espiritualmente nos encontramos todos llenos del amor de Dios, que empezamos a reconocer en la gente del barrio, en el hermano misionero, en las adoraciones en el oratorio, en la mano que siempre está dispuesta ayudar, en la mirada de aquel que te entiende, en el abrazo que te calma y en las oraciones de todos los que nos acompañan desde casa y hacen posible la misión.


“Chasmi 23” fue conocer verdaderamente a las personas que tenías al lado, reconocer que todos estaban dando su 120% para que fuera posible, ofrecer todo lo que llevábamos en nuestras vasijas de barro a Dios.


Carolina Rodríguez, Belén Oliveras y Facundo López

Grupo misionero Cor Jesu de Temperley

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