Misión Cor Jesv – Venado Tuerto
- 18 mar
- 3 Min. de lectura

La misión no se trata únicamente de los diez días de actividad en enero, sino de todo el proceso del año en el que, acompañados por nuestros hermanos asesores, Roberto De Luca y Gastón Spahn, preparamos nuestros corazones en comunidad mediante actividades, reflexiones y puestas en común; haciéndole lugar también a ese niño que Jesús nos pide que seamos.
Este año, visitamos por primera vez el pueblo de Cavanagh, en la provincia de Córdoba, cerca del límite con Santa Fe. Llegamos con las mochilas llenas de dudas e incertidumbres. No sabíamos cómo nos iba a recibir el pueblo, ni con qué nos íbamos a encontrar allá. Pero, gracias a que dejamos todo en manos de Papá-Dios, al llegar nos recibieron con los brazos abiertos. Y entre sonrisas y saludos, nos abrieron las puertas de lo que fue nuestro hogar esos días.
Al igual que Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, este año nos mandó juntos a nosotros, con distintas experiencias de fe y distintos desafíos:
En mi caso, Santino, esta misión fue muy especial porque fue mi primer año. Todo era nuevo y, aunque al principio sentía nervios, también tenía muchas ganas de vivirlo de la forma más plena posible, poniendo lo mejor de mí para ello. Y hoy puedo decir que la misión me enseñó que cuando uno se anima a dar un paso, aunque no tenga todo resuelto y tenga un montón de cargas del día a día, Dios se ocupa del resto. Y ahí es donde empieza lo más lindo.
Por mi parte, Cora, ya tuve antes la experiencia de otro pueblo y otras misiones, pero los desafíos no faltaron. En esta oportunidad me tocó ser guía de mi compañero y poner en práctica todo lo vivido los años anteriores para poder darle comodidad y espacio para lograr vivir en plenitud su primera experiencia misionera. Aunque, por otro lado, nunca había vivido una misión sin mi hermana Zoe, que fue mi guía y soporte durante todas las anteriores, y esa situación me asustaba un poco.
Además de lo personal, como comunidad vivimos experiencias inesperadas, en este caso fue un virus que hizo que por momentos fuéramos menos los que seguíamos en contacto con el pueblo, así como un tema de salud de una antigua misionera que nos afectó a todos.
Pero Dios es tan grande que estamos seguros de que puso todo eso ahí para que parásemos y observáramos nuestro alrededor para, con el corazón lleno de gratitud, recibir la hermosa familia que Él nos regaló.
La familia misionera es un regalo tan grande como la gracia de creer. Es esa persona que se comprometió a ponerse la alarma y darles los remedios a todos, es esa otra que se encargó de limpiar y mantener el orden cuando no había la misma cantidad de manos para colaborar, y es quien te ayuda a soportar con una sonrisa esos largos días a kilos y kilos de arroz.
Y también es familia misionera sentir el calor del abrazo de Mamá María cuando las cosas pesan y no sabes cómo entregarte; descubrir cómo tu corazón se llena con cada simple gesto fraterno, con cada canción después de la oración, cada mirada… Y esto es siempre gracias al Corazón de Jesús, todo es con SU amor, aunque sea simplemente una broma para dejar el cansancio de lado y dar lugar a las risas.
Eso es la misión Cor Jesv: familia, nuestra familia, y es donde nuestro corazón se quita la coraza y se entrega en plenitud a Dios y al prójimo. Es darse cuenta de que en un gesto simple puede significar tanto y hacer a Dios presente en lo cotidiano. Ser misionero no es solo una experiencia de fe, es un estilo de vida.
Cora Lamela y Santino Camussoni









































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