Necesidades y desafíos del Nivel Inicial

El jardín de infantes es una de las etapas más importantes en la escolaridad de los niños. Allí comienzan a sociabilizar, a compartir, a aprender de y con los otros, a crear hábitos, a aprender jugando, a despegarse del contexto familiar y a manifestar nuevas emociones. Pero también es una de las etapas más difíciles para las familias: en el jardín dejan sus tesoros más preciados, nos confían lo más importante de sus vidas y esperan lo mejor de nosotras, las docentes.


Entonces llega ese momento en que se abren las puertas y los niños comienzan a ingresar de a uno. Algunos con sonrisas, otros con cara de incertidumbre, otros llorando y algunos corriendo para abrazar a la seño y encontrarse con sus compañeros. Pero esto no es todo, detrás de esas caritas de niños inocentes, alegres, cariñosos y espontáneos, se encuentran los padres, quienes miran por las ventanitas de la puerta y muchas veces se quedan esperando para ver qué pasa con ellos. En ellos también descubrimos emociones: miedos, incertidumbre y, a veces, nostalgia. Es que los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, pero, ¿podrá la seño darle lo mejor?, ¿se llevará bien con sus compañeros?, ¿se portará bien?, ¿me llamarán si llora?, ¿y si alguien le pega?, ¿lo cuidará la “seño” como lo hago yo? Entre otras muchas dudas e inquietudes que seguro surgirán en ellos. Detrás de esas preguntas hay un padre, madre, tío o abuelo esperando una respuesta.

Y es ahí donde continúa nuestra labor docente, porque no sólo debemos estar atentas a las necesidades de nuestros estudiantes, sino también a las de sus padres y tratar que ellos se sientan cómodos, tranquilos y confiados en que sus hijos están en buenas manos. Entonces recuerdo lo que nos enseñaron nuestros hermanos Corazonistas sobre la pedagogía de la confianza. ¡Qué palabra más llena, amplia y completa! CONFIANZA en las capacidades de crecimiento de cada niño o niña, CONFIANZA en la toma de decisiones de nuestra labor, CONFIANZA en que cada uno es único y que sus capacidades lo son también, CONFIANZA en esas familias que nos acompañan desde afuera y están dispuestas a ayudar cuando es necesario… Pero también la CONFIANZA que debemos trasmitir a los padres en nosotras y en nuestras aptitudes para cuidar y enseñar a sus hijos, aceptándolos tal como son, resaltando sus valores y capacidades y abriendo sus corazones para recibir el amor de Jesús y el de sus pares.


Nada de esto es tarea fácil y en el camino encontramos obstáculos y tropiezos que nos detienen, pero que también nos enseñan, nos dan fuerza y valor para seguir adelante. Y allí está lo rico de esta profesión, en la que estamos constantemente aprendiendo y cambiando, transformando errores en aciertos y planificando sonrisas y anécdotas, porque lo que más nos importa son ellos, esos seres pequeñitos que pisan por primera vez este suelo de la educación y que necesitan, hoy más que nunca, docentes con convicción, pasión y un corazón lleno de amor.

Hansen Gretel

Docente de Nivel Inicial de Villa Gral. Belgrano




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