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Sesión del Carisma: ayer, hoy y mañana

Antes de comenzar a escribir sobre la Sesión Internacional del Carisma de 2022, quiero expresar mi agradecimiento por haberme permitido ser parte de este encuentro. Agradezco el llamado, una vez más, a ser parte del carisma del Sagrado Corazón, que cada día acepto con alegría desde hace ya 26 años.


Cuando surgió la invitación a la SIC, sentí una emoción y una gratitud muy grande. Sin dudar, acepté con orgullo y gran expectativa. Sentía que Jesús me seguía invitando a crecer en su amor, no sólo para vivirlo personalmente, sino para compartirlo una vez más en comunidad.


Con los meses nos fuimos preparando para este encuentro. Cuando llegó el momento de partir, de encontrarme con mis compañeras de AMA, la “complicidad” fue inmediata. Nos unía el mismo ánimo, la misma esperanza, la misma alegría. Con el corazón dispuesto, comenzábamos a transitar una experiencia inolvidable.


La llegada fue muy emocionante. De a poco, ya desde el aeropuerto, nos fuimos reconociendo con otros Corazonistas que llegaban de distintos países. La acogida en la casa de las Hermanas Carmelitas Misioneras fue muy hospitalaria. La calidez se hacía presente en cada persona que nos recibía, en cada uno que íbamos conociendo.


Ya todos juntos estábamos listos para dar inicio a la sesión. Recordar y profundizar sobre el origen del Instituto es fundamental para saber de dónde venimos y qué espíritu da comienzo a este carisma. Conocer profundamente a sus fundadores, sus acciones y proyectos nos permite vivir un mejor presente y proyectar con confianza un futuro esperanzador. Así se fue presentado el carisma ayer, hoy y mañana.


La oración diaria, el encuentro en la eucaristía, las presentaciones de los distintos países, los paseos, el retiro de silencio, todo era motivo de gozo y agradecimiento. Las experiencias vividas con cada uno de los participantes fue algo enriquecedor y motivador por la pasión que muchos han podido transmitir y contagiar.


La bendición fue aún mayor con la peregrinación a Lyon. Pudimos andar por los caminos del Padre Coindre y del Hno. Policarpo; estar en mismo lugar donde el carisma se hizo presente por primera vez y para siempre; conocer Nuestra Señora de Fourviere y poder imaginar allí a aquellos primeros hermanos que daban inicio al Instituto; ingresar en la antigua Maison Coindre y compartir una mañana con los hermanos que tan cálidamente nos recibieron. Todo esto, también, gracias al Hno. Jesús Ortigosa, que con tanta preparación y entusiasmo nos compartió su saber.


Fue un encuentro sumamente enriquecedor. Me siento bendecida por esta oportunidad. Volví con el corazón engrandecido por tan gratificante experiencia. Abrazada al carisma, con el ánimo renovado y con la confianza de que el Espíritu Santo nos atraviesa y acompaña para poder seguir y compartir en comunidad esta misión. Nuevamente, muchas gracias.


Claudia Costa

Vicedirectora Secundario, Temperley

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