¡Qué bien estamos aquí! Encuentro de hermanos de la CALE 65+
- comunicacion209
- hace 6 días
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“Señor, ¡qué bien que estemos aquí!” (Mt 17, 4) es una expresión evangélica apropiada para aplicar en esta ocasión de privilegio que nos tocó vivir a los hermanos de más de 65 años, del 26 de octubre al 2 de noviembre del pasado 2025.
Todo empezó en el colegio Corazonista de Madrid con el almuerzo -no voy a describirlo para no despertar las papilas gustativas y la envidia- y posterior recorrida-visita a sus instalaciones. Ya entrada la tarde nos trasladamos a la residencia que nos acogería en el barrio Chamberí. Lugar tranquilo, pero un tanto laberíntico, ubicado entre universidades y colegios privados.

Y, se larga el primer día: CUIDADO Y ACOMPAÑAMIENTO fueron los temas que ocuparon la mañana inicial. Ya aquí descubro que estoy ‘in culitatis’ a esta altura de mi edad, sin ninguna prevención sobre qué hacer el resto de mi vida y de mi vida en relación y como llevarla adelante. Me dicen que el cuidado es una forma del amor y una forma de justicia con el otro, pero… pero primero “empezar por casa” para poder cuidar al otro por el acompañamiento y el encuentro, siendo este central en el proceso de crecimiento y de cuidado fortalecedor para los momentos difíciles.
Al llegar a estas edades tendríamos que tener bien claro y preciso el proyecto de vida de nuestra “vejentud”. Al respecto, Martín Sligman afirma que la plenitud y la felicidad personales proceden de un modo de vivir que se concreta en tres ámbitos:
La vida comprometida: ponerse en juego y adquirir compromisos sencillos.
La vida significativa o de sentido: vivir hacia un sentido.
La vida placentera: tener labores diarias sencillas que supongan un placer natural, fruto de actividades acordes con las propias capacidades o habilidades.
Y hubo un segundo día… LA ORACIÓN Y EL SILENCIO atrajeron nuestra atención la segunda mañana de “trabajo” de los 31 participantes del encuentro. El expositor, desde su experiencia de orante en el desierto, hizo hincapié en la oración personal entre Dios y cada uno, en actitud y experiencia agradecida: “el peregrino agradece, el turista exige”. Además, es una experiencia de amor, también, entre Dios y la persona, donde la iniciativa siempre es de Dios, pues siempre va delante, siempre está amando porque es fiel, ¿acaso podría ser de otra manera? Jesús, en su tiempo entre nosotros, nos dio el ejemplo de oración a solas con Dios: necesitaba orar.
Acerca de la oración, el expositor dejó una expresión de valor: “Si, al tiempo de la catequesis, hubiésemos dedicado un tiempo a la oración, el rostro cristiano y del mundo sería otro.” Y ya terminando, se refirió a la oración comunitaria con la imagen del abanico: los palitos somos cada uno, unidos por una tela; pero esto no es suficiente para abanarse, es preciso estar unidos en un centro: Dios. La reflexión nos dejó un par de preguntas para la hora de la oración: ¿Cómo vivimos lo que nos pasa?, ¿desde dónde lo vivimos?

Y también llegó el tercer día. Un tema con altas pretensiones y más alto compromiso nos esperaba: SER PROFETAS DE VIDA Y ESPERANZA. Empezó el encuentro explicando qué es la vejez en su significado, atendiendo las connotaciones positivas y negativas. Es un período de prueba, dificultades, inconvenientes... pero me quedo con que también es un tiempo de gracia, porque es más tranquila y permite el crecimiento, la maduración interior y la liberación; es tiempo de esperanza y avance hacia una vida cada vez más plena.
El hecho de envejecer bien implica el autocuidado del cuerpo y su salud, que no es egoísmo, sino obligación, necesidad y, si reparamos en que es don de Dios, vida luminosa, abierta al Espíritu para conocer y comprender que Dios nos ama sobremanera. Esa apertura al Espíritu en la apertura hacia nosotros mismos se manifiesta en una buena relación con el otro, pues la madurez es dar y darse. De todo esto deviene que nuestra misión, como personas de más de 65 años, hoy y en estas circunstancias, es ser profetas de vida y esperanza, llamados a escribir todavía hermosas páginas de la historia de la salvación en el libro de la vida... ¡Para los obreros del Evangelio no hay jubilación! Así paso el tercer día: interesante, intenso...
Y he aquí un cuarto día, cercano, vital: LA ESPIRITUALIDAD DEL CORAZÓN DE JESÚS. Como dijo San Carlo Acutis “La espiritualidad es la autopista hacia el cielo” y el Corazón Traspasado de Cristo es el signo de nuestra fe, la síntesis de nuestra espiritualidad, el motivo de nuestro vivir y la causa de nuestra vocación, que ha determinado nuestra vida de fe y nuestro modo de proceder como hermanos; es el elemento que ha marcado nuestra comunidad, misión e historia.
¿Devoción o espiritualidad? Mientras que la devoción es más estática y puntual (prácticas, fórmulas…), la espiritualidad es dinámica y procesual (un crecimiento paso a paso). La espiritualidad alimenta el amor, motor del corazón unificado, y ofrece modelos que han funcionado, recursos para la tarea de integrar la vida: reglas, modos de oración, criterios de discernimiento, procesos ordenados que facilitan el camino de conversión, iluminación y unificación. Es decir, la espiritualidad logra un “nuevo ordenamiento de la vida”. Una buena y verdadera espiritualidad crea santos. Y, con más y más, pasó la cuarta jornada.

Y llegamos hasta la quinta exposición: AUTOCUIDADO, CONDICIÓN ACTIVA Y ENVEJECIMIENTO. Este encuentro estuvo a cargo de una integrante de la fundación Summa Humanitate, un grupo católico que, en su inicio, colaboraba con la Iglesia voluntariamente, en parroquias y en los colegios de sus hijos; pero que, frente a la falta de nuevas vocaciones en la Iglesia española y su envejecimiento progresivo, deciden comprometerse aún más y surge la fundación para contribuir a la labor social y pastoral de la Iglesia en misión compartida, apoyando en la resolución de necesidades, asumiendo carismas y compartiendo objetivos e inquietudes.
Lo que podría haber sido una disertación, una conferencia, se convirtió en una charla amena, significativa y claramente de alto vuelo, donde se tocaron todos los aspectos propios de nuestra edad. “Entender para prevenir” fue el disparador para plantear los cambios psicológicos, cognitivos, emocionales y espirituales que se viven. Aprender a envejecer sanamente, conociendo la propia fragilidad propia, ayuda a prevenir el envejecimiento patológico y focalizarse en un envejecimiento responsable, comenzando por el autocuidado físico como fundamento del bienestar, seguido del cuidado higiénico y bucodental, del descanso, de la alimentación y del ejercicio físico (que es un gran protector ante la depresión). La prevención puede ser primaria (promoción de la salud), secundaria (tratamientos) y terciaria (prevención de secuelas y complicaciones).
La amena charla siguió tocando temas como gestión emocional, atender la dimensión espiritual y desafíos del envejecimiento. En estos últimos se destacaron:
Afrontar las pérdidas.
Revisión y reconciliación de la vida en la vejez, facilitar la reconciliación con el pasado para alcanzar un sentido de plenitud.
Prevención de la depresión y aceptación y adaptación a los cambios.
Prevención de la soledad no deseada fomentando la conexión social y la participación en grupos. Mantener los lazos familiares combate la soledad.
Con esto y mucho más que queda en el tintero, se fue el quinto día.

Pero no todo fueron momentos de formación. Las tardes las ocupábamos en salidas para conocer o reconocer partes interesantes de Madrid y el sexto día nos premiaron con una visita de jornada completa a la monumental cuidad de Toledo: acompañados por un guía recorrimos los lugares más significativos que definen a esta ciudad de múltiples culturas e identidad propia.
Después de esto, brevemente reseñado, solo cabe decir: ¡Qué bueno fue estar allí! “Es de bien nacidos el ser agradecidos”, por ello vaya nuestro reconocimiento y, por supuesto, agradecimiento, una y mil veces, a los hermanos implicados en la organización, seguimiento y preocupación del ACONTECIMIENTO 65+. No hubo puntos flojos: alojamiento, temáticas, salidas, alimentación... todo merece un 10.
Por todo ello: Muchas gracias hermanos y bendiciones del Corazón de Jesús, nuestro mayor y común HERMANO.
Hno. Nicolás Antuñano






































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