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Espacio de lectura: la esperanza es un camino

  • hace 19 horas
  • 3 Min. de lectura

Para este año nos proponemos ofrecer algunos sencillos textos de reflexión en torno a la esperanza, con el fin de motivar nuestra interiorización personal en la línea de la Ordenanza del Capítulo general. Este primer texto es de José María Recondo, en su obra La esperanza es un camino (Ed. Agape, Argentina, 2023).





Sean alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación,

perseverantes en la oración” (Romanos 12, 12).


Tanto así que si no somos portadores de alegría y de esperanza nuestra misión pierde credibilidad y se oscurece nuestro servicio.


  • El difunto cardenal argentino Pironio mencionaba que “la esperanza está íntimamente conectada con la alegría. La alegría procede también de la esperanza”.

  • Gilbert Keith Chesterton un escritor, filósofo y periodista británico católico de inicios del siglo XX decía que la alegría es “el gigantesco secreto del cristiano”. Pero ella debe poder percibirse.

  • San Juan escribe que “hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”. Según san Juan no se trata de negar la realidad que tantas veces nos proclama noticias nefastas, sino que reconocer que un Dios nos ama, nos salva y que nos fue dada en Belén y sigue brillando en medio de la noche. Desde que Jesús nació en Belén, siempre estará abierto el camino para que nazca en nosotros la alegría como fruto de la esperanza.


L a Esperanza que es muy distinta del mero optimismo, y la alegría que nada tiene que ver con ese entusiasmo voluntarista en el que se insiste siempre en una sociedad: tener buena onda, pensar en positivo… Aquí se trata de algo que tiene lugar en lo más hondo del corazón, puesto por Dios, fruto de su presencia y de la obra del Espíritu en él. La experiencia cristiana, al hacernos saber amados por Dios, deposita en nuestros corazones una alegría que ninguna otra cosa puede darnos ni puede quitarnos. Y al llamarnos a amar, nos pone en el camino de la alegría, que suele estar mucho más asociada a lo que damos que a lo que recibimos.


Ser alegres en la esperanza, pero sabiendo que esto no es humanamente posible en cada momento, porque hay situaciones en las cuales nos sentimos despedazados, desechos y cansados. Yo me pregunto si ese sentimiento de impotencia, no cuando es circunstancial y que responde a hechos objetivos que no podrían dejar de golpearnos, sino cuando se instala en nuestro corazón y nos roba la alegría, no es fruto, muy a menudo, de una frustrada pretensión de omnipotencia: cuando yo no puedo, entonces ya no hay caminos… Y lo que nos dice la esperanza cristiana es que, aunque yo no puedo, Dios puede. Cuando ya no hay caminos, Dios viene.


A nosotros nos toca despejar los accesos, abrir las sendas, remover los obstáculos, tal como nos enseña la Escritura en Lucas 3, 4-6 o sea en la llamada a "preparar el camino del Señor" que implica una serie de acciones espirituales. La idea de "enderezar sendas" que sugiere que debemos corregir aquellos aspectos de nuestra vida que están torcidos o desorganizados. La mención de "allanar montes y collados" simboliza la necesidad de humildad y arrepentimiento. Nos toca abrir los caminos en nosotros y en la gente que nos rodea. Una y otra vez. Como en la pampa, cuando los huellones son tan profundos que los caminos se tornan intransitables.


Perder la esperanza no es confesarnos impotentes, sino declarar impotente a Dios. Por eso, para preservar la esperanza, yo diría que son necesarias dos cosas, reconocer nuestros límites y no ponérselos a Dios.

 
 
 

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