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Misión Cor Jesv – Temperley/Lomas

  • 5 abr
  • 2 Min. de lectura

Al igual que cada enero, el Grupo Misionero Cor Jesv (Temperley – Lomas de Zamora) llevó adelante una nueva experiencia de misión en el pueblo de Chillar, provincia de Buenos Aires. En esta localidad rural, durante diez días, un grupo de jóvenes de entre 18 y 30 años —en su mayoría exalumnos de los Hermanos del Sagrado Corazón— realizaron la misión para la que se prepararon todo el año: propiciar el encuentro con Jesús.

En estos intensos días de trabajo, unos veinticinco misioneros acompañados por el Hno. Mario Gassmann coordinaron y ejecutaron distintas actividades con toda la comunidad. Por las mañanas, de dos en dos, recorrieron el pueblo golpeando cada puerta y conversando con los vecinos con un solo objetivo: iluminar con la Buena Noticia. Por las tardes, se hicieron presentes las catequesis con niños y adolescentes, los mates con los  adultos, y se culminaba el día con la celebración de la Palabra o la Eucaristía.


Puertas adentro, el orden no es un detalle menor. Temprano por las mañanas, la comunidad de misioneros comienza celebrando las Laudes y atendiendo los quehaceres de los salones parroquiales que, en estos días, son su hogar. Los “empleos” o tareas como la limpieza, la cocina y la organización de los momentos de oración son distribuidos por pareja misionera.



Estas extensas jornadas de trabajo cierran con la celebración de Completas y, a veces, una Adoración Eucarística. La fraternidad se respira en el ambiente, la espiritualidad Corazonista se lleva con pasión y se trasluce en cada día de misión.


Generalmente, a mitad de la misión se realiza el “día de quiebre”, una jornada en la que los misioneros se detienen a mirar hacia adentro de la comunidad. En esta oportunidad trabajamos la figura de Andrés Coindre como misionero: leímos algunas de sus cartas y comparamos las misiones de aquella época con las de la actualidad. Así pudimos notar las grandes semejanzas con los desafíos actuales y aprendimos de la confianza en la Providencia que caracterizaba al Padre Coindre, quien sabía sobrellevar todo con ¡Ánimo y confianza!


Esta misión tuvo un significado especial, ya que marcó el cierre de una etapa de trabajo sostenido de tres años consecutivos en Chillar. Más allá de las actividades realizadas, el valor central estuvo en el encuentro, en la cercanía y en la experiencia de fe compartida.


El grupo regresó agradecido por el camino recorrido y renovado en su compromiso evangelizador. La misión continúa, porque el llamado a anunciar y vivir el Evangelio sigue latiendo en el corazón de la comunidad Corazonista.

Agustín Dicundo



 
 
 

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