top of page

Espacio de lectura: bendecidos para bendecir

hace 11 minutos
2 min de lectura

En este mes les invito a ser sembradores de esperanza BENDICIENDO, puesto que quien bendice es capaz de ver la realidad bajo una nueva luz y tiene la potestad de “hacer todas las cosas nuevas y sembrar, entonces, esperanza”. La autora de este artículo es la Hermana Catherine Aubin, de la Congregación Romana de Santo Domingo. No encontré el libro mismo, sino una fotocopia del texto durante mi estadía en la comunidad de Ste-Foy, Canadá.

 

Hno. Denis J. E. Plourde

- - - - - - - - - -

 


La bendición lleva en sí una fuerza de vida, de gozo y de una transformación insospechada. Consiste en una actitud o fórmula centrada en la admiración, la alabanza, el agradecimiento y la gratitud por la libre benevolencia divina: “Bendito seas, Señor, Dios nuestro”. Con ella deberíamos comenzar y terminar toda oración, toda acción y todo acontecimiento. En el Nuevo Testamento encontramos lo siguiente: “Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Te alabo (te bendigo), Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños”.

 

La bendición sitúa al ser humano ante Dios y lo ubica frente al mundo de manera justa y lleno de esperanza. Define una triple relación: con Dios, con el mundo y con los semejantes. En efecto, impide separar a Dios del hombre y del mundo, o al hombre de Dios y del mundo. En primer lugar, con respecto al hombre y al mundo, Dios es    la fuente y el origen. En segundo lugar, respecto a Dios y al mundo, el hombre es recipiente y beneficiario: es el objeto de la atención divina. Y finalmente, respecto a Dios y al hombre, el mundo es un don: signo de la benevolencia divina y regalo concreto para la humanidad.

 

La bendición transforma los objetos en dones y las cosas en palabras de amor. Gracias a ella, el universo se convierte en un santuario en el que debemos entrar y transitar con una veneración contemplativa y agradecida. De este modo, la bendición capta el verdadero sentido del mundo: sin ella, el mundo permanece triste, opaco y cerrado sobre sí mismo. Gracias a ella, el mundo recupera su alegría original. Por eso dice san Pablo: “vivan en la acción de gracias” (Col 3, 15). Para experimentar la dimensión de eternidad desde ahora y en el corazón mismo del desamparo humano, nos queda el gozo; y no podemos nacer al gozo sin aprender a dar gracias y a bendecir. En un mundo de ingratitud, la bendición introduce silenciosamente la chispa del amor desinteresado y gratuito. Quien bendice es un “revolucionario”: su vida es un acto profético —un sembrador de esperanza— y su ser posee una fecundidad divina que desafía las certezas, los prejuicios y las falsas creencias.

Comentarios


Publicaciones recientes
Archivo
Publicaciones destacadas
bottom of page