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Misión Cor Jesv de verano en Uruguay

  • hace 1 hora
  • 2 Min. de lectura

Esta misión de verano fue una experiencia única para mí, más especial que las anteriores porque aprendí a dejarme sorprender y pude ver cómo un grupo de personas con responsabilidades, itinerarios y actividades diferentes se pueden organizar para crear una experiencia tan hermosa e inolvidable como lo es la misión.



Salir a misionar casa por casa me enseñó que, si nosotros ponemos lo nuestro, Dios pone también. El primer día no pudimos hablar casi con nadie, pero con mi compañera no nos desanimamos, sino que al otro día salimos con más ganas y pudimos hablar con algunos vecinos. Pero no nos queríamos quedar solo con eso, así que encaramos con ganas y alegría los días siguientes y pudimos compartir con muchas personas parte de su tiempo y actividades. Esa experiencia no sólo me hizo sentir muy feliz, sino también sorprendido de cómo, con nuestras buenas intenciones, Dios hace posible tantas cosas.



Durante la preparación elegí el grupo de catequesis, lo que me generaba cierta inquietud ya que nunca había trabajado con niños en ese ámbito. Sin embargo, mi grupo me enseñó mucho y juntos pudimos crear momentos hermosos con esos niños. Lo que más me impactó fue que creíamos que no vendrían tantos chicos, pero en la primera catequesis vinieron más de 20. Aunque estaba un poco preocupado porque no estaba seguro si tendríamos suficiente material ni cómo íbamos a organizarnos, también me sentí muy feliz.



Estoy convencido de que los niños nos quieren tanto como nosotros a ellos, porque ¡qué lindo fue armar el arbolito de Navidad con ellos en la parroquia! Y ni hablar de lo emocionante que fue ver cómo hacían un pesebre viviente.


El grupo de animación, sin duda, mueve emociones porque crea actividades para que los niños se diviertan. Pero, sin darse cuenta, cuando llega el momento los niños no son los únicos que se divierten, los misioneros también. Qué lindo cuando ves cómo el trabajo muestra sus frutos y, sin importar el calor o cualquier otra situación, todos queremos seguir jugando.


Quiero resaltar cómo mis compañeros me demostraron su cariño y aprecio de mil maneras: con charlas, abrazos, risas, chistes, canciones y momentos inolvidables que tienen un gran valor para mí. Qué hermoso es cuando sabes que no solo te vas a sentar a comer, sino que también te vas a reír, hacer bromas, contar anécdotas e historias. Me demostraron que ser Corazonista no es fácil, tiene sus responsabilidades, pero la recompensa no se describe con palabras.


Por último, quiero señalar las oraciones de la noche: luego de una profunda reflexión y oración individual y grupal, los abrazos de paz son los mejores y más emotivos.


Si me hubieran dicho que iba a crear tantos recuerdos felices, llenos de risas, asombro y emociones, habría metido menos ropa en la valija porque lo más difícil fue cerrarla, llena de todo eso, y decir “hasta el próximo invierno”.


Thiago Rojo

Montevideo



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