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Oración: trato de amistad con Dios



Quiero comenzar este pequeño artículo con dos frases que resumen un poco los encuentros que hemos tenido en febrero los docentes del colegio Sagrado Corazón de Villa Gral. Belgrano con los Hermanos Javier Lázaro, Mario Stempel y Leonel Cárdenas, en los cuales se trató el tema de la oración:


- “Dios es el que toma la iniciativa en la Oración, poniendo en nosotros el deseo de buscarle, de hablarle, de compartir con Él nuestra vida. La persona que reza, que se dispone a escuchar a Dios y a hablarle, responde a esa iniciativa divina.”


- “Para escuchar al Señor, es necesario aprender a contemplarlo, a percibir su presencia constante en nuestra vida; es necesario detenerse a dialogar con Él, dejarle espacio en la oración.”


Desde mi experiencia personal, siempre me sentí cerca de Dios. Mis padres me inculcaron el amor hacia Él, estudié en escuelas católicas, rezábamos y participábamos de la misa. A medida que fui creciendo me fui alejando un poco, eso hizo que mi relación fuese más distante. La falta de tiempo, la rutina, la familia y el trabajo pasaron a ser mis prioridades. Cuando comencé a trabajar en el colegio sentí que no había sido casualidad, sino una señal. Era una nueva oportunidad que Dios me estaba dando para acercarme a Él. Así fue como volví a abrirle mi corazón, a sentirlo cada vez más dentro de mí.


Creo que como cristianos, docentes y padres, nuestra función es transmitir y enseñar la Palabra de Dios. Pero nadie puede dar lo que no tiene, si nuestra intención es mostrar a Dios a los demás, primero debemos llenarnos de Él. Esto se logra mediante la oración y el contacto frecuente con nuestro Padre. Eso es lo que hoy intento trabajar a diario. Muchas veces, en el apuro del día, sólo recurrimos a la oración cuando necesitamos ayuda… y no es que esté mal, pero la oración no debe ser una puerta de emergencia, sino un estilo de vida.



Para orar es necesario querer orar, con fe viva y perseverante como Jesús nos enseñó. Esa fe que la aprendimos de nuestros mayores, que la aceptamos con amor y que ahora debemos transmitirla con entusiasmo y con la esperanza de que ocurra en los demás lo mismo que ocurrió en nosotros.


Podemos hablar con Dios de muchas maneras: en el silencio de la iglesia, escuchando la Palabra, leyendo personalmente los Evangelios, imitando el ejemplo de Jesús… No importa en qué momento, dónde y cómo lo hagamos, siempre y cuando la oración nazca del corazón. El corazón debe ser el que ore, humilde y dispuesto a que se haga la voluntad del Padre. Ése debe ser el lugar de nuestro encuentro con Dios. Él nos ama incondicionalmente y estará siempre ahí, dispuesto a escucharnos y guiarnos.


La oración fortalece nuestra fe, nos ayuda a desarrollar una relación con Dios. Mientras más cultivemos esta relación, más fácil será acercarnos a él con toda confianza. para hablarle y presentarle nuestras necesidades. Así también recibiremos sus palabras, su consuelo, su misericordia, su gracia, su paz y las bendiciones que Él desee darnos.

Gabriela Ponti

Docente, Villa Gral. Belgrano



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