Ecos del retiro virtual con el Padre Guillermo Carmona

“Reencendamos nuestro corazón en el Corazón de Cristo”, este fue el título del retiro anual virtual para los hermanos de la Provincia de América Austral, predicado por el Padre Guillermo Carmona, miembro del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.


Ya el título sugiere toda la travesía que se desarrolló a través de las nueve pláticas que, desde mis percepciones e impactos emocionales y espirituales, resumo en una pregunta vital que nos fuera planteada en la tercera conferencia: ¿Cómo vivo el amor en mi corazón consagrado?


Y esta pregunta que toca nuestras fibras vitales, tiene que ver con la necesidad de reencender. Desde que el hombre descubrió el fuego, éste ha sido cuidado para poder traspasarlo, para hacer más fuego y que todos seamos fuegos desde el fuego primordial, en nuestro caso desde la hoguera inacabable del Corazón de Cristo. Allí está nuestra luz, nuestra fuerza, nuestras posibilidades creativas, nuestro Amor y todos nuestros amores.


Un pasaje del segundo capítulo del libro del Apocalipsis reclama: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.



Reencender es volver a casa, al fuego del hogar, al lugar de la seguridad y del amor en el cual se desarrollan las capacidades, los talentos y las virtudes que promueven la creatividad para actuar en los contextos cotidianos vividos como renovadas epifanías. Reencender es poder repetirnos aquella frase del Dante: “Soy la obra de la divina potestad, de la suma sabiduría y del primer amor”. Soy la concreción viviente de un plan amoroso de Dios para más amor, que es fuego.


“He venido a traer fuego sobre la tierra y cuánto deseo que ya estuviera ardiendo” (Lc 12, 49). Y, en definitiva, en el dinamismo inacabado de estar volviendo a casa para reencender y luego encender, se manifiesta el flujo de nuestra vida consagrada en la misión de continuar encendiendo fuegos desde el Fuego.


Como bautizados, Hermanos del Sagrado Corazón, tenemos el inmenso gozo de haber sido elegidos para ser partícipes del amor encendido de su Corazón, como sus hermanos. Nos participa de ese amor donándonos las que son nuestras características y talentos, para todos aquellos con los cuales nuestras vidas entran en comunión misionera.


Para reencendernos será necesario sumergirnos en el silencio crepitante del Corazón de Cristo: “En medio de las tareas apostólicas y de las dificultades de todo tipo, a veces hemos de demostrar valor sumergirnos en el silencio interior, retirarnos a la soledad y perseverar en la oración” (RdV 134).


Transcribo la oración al Espíritu Santo con la que se iniciara cada una de las pláticas, como medio de inspiración para la acción y motivación para la oración continua:


Espíritu Santo, eres el alma de mi alma, te adoro humildemente, ilumíname, fortifícame,

quémame, consuélame y, en cuanto corresponde al plan del eterno Padre Dios,

revélame tus deseos.


Dame a conocer lo que el Amor eterno desea de mí. Dame a conocer lo que debo realizar.

Dame a conocer lo que debo sufrir. Dame a conocer lo que silencioso, con modestia y en oración debo aceptar, cargar y soportar.


Sí, Espíritu Santo, dame a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre pues toda mi vida no quiere ser otra cosa que un continuado perpetuo “sí”, a los deseos y al querer del eterno Padre Dios.


Amén.


Que la Virgen María nos salude y que Jesús nos bendiga.

Hno. Daniel Impellizzieri

Lomas de Zamora

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