Encuentro fraterno en Villa Gral. Belgrano

Primero, una breve presentación: me llamo Pablo y soy un exalumno del colegio Manuel Belgrano de Temperley, que participa en distintas actividades pastorales de la parroquia y del propio colegio, y ahora soy un Contador recién recibido de la UBA. Para poder explicar de la mejor manera mi experiencia en la convivencia en Villa General Belgrano, la dividiré en varias categorías.


Uno de los aspectos trabajados en la convivencia es la ESPIRITUALIDAD personal y comunitaria. En cuanto a la comunitaria, ayuda generar una rutina de oración que normalmente uno no tendría. Normalmente un joven pensaría “hoy duermo más en vez de rezar”, pero el sacrificio es menos pesado al saber que hay otras personas que te esperan para hacerlo juntos.


En el aspecto personal, contamos con un tiempo de meditación en la mañana y momentos de reflexión antes de comenzar Laudes y Vísperas, que nos ayudan a ver nuestro corazón y nuestra conexión con Jesús y María. Los tiempos personales también nos ayudan a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida y a valorar los momentos de espiritualidad que vivimos en común. Por ejemplo, me ha pasado como a los discípulos de Emaús que, en una meditación personal pensando en María, me di cuenta de cómo mi corazón se sentía conmovido durante los rosarios de la tarde. Desde ese momento, pude vivir conscientemente esa sensación en el momento de la oración.




Otra de las dimensiones importantes durante estos días fue la FRATERNIDAD, que marca un cambio estructural enorme comparado con lo que es una vida familiar común. Nos es usual tener todas las actividades programadas, en horarios definidos, pero esto, en lo personal, es algo que me gusta ya que me ayuda a organizar el día. En este tipo de vida siento que estoy más en “contacto” con el resto de las personas que en mi propia vida familiar. Si bien este año las convivencias fueron menos numerosas, no se sintió tanto porque siempre se tenía con quien compartir cada momento, ya sea las oraciones, las comidas, los paseos o hasta unas partidas de cartas.


También quisiera hablar brevemente de los PASEOS que hacíamos en las tardes, un pequeño aporte más a la fraternidad. Si bien puede parecer siempre lo mismo ir de caminata a distintos lugares, yo lo siento como una experiencia única: charlamos con los demás, vivimos también la espiritualidad al compartir el “Rosario del Sagrado Corazón” y disfrutamos los distintos paisajes que, a pesar de los años, aún logran sorprenderme.


Por último, quería agradecer a todos los hermanos por hacer estas convivencias posibles, y al Hermano Lázaro por invitarme todos estos años.


Pablo García

Exalumno de Temperley

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