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Sesión del Carisma: mi camino de vida

La primera palabra que me viene a la mente es GRACIAS en toda su dimensión. Sabía por los que participaron en otras sesiones que se vivían momentos especiales, de mucha emoción. Fui abriendo el corazón, dispuesta a ese encuentro en el CARISMA, pero lo vivido fue más allá de lo que se pueda decir en palabras.


En cada momento de trabajo o de reflexión, en nuestros momentos de oración y de misa, en el compartir fraterno diario, nos fuimos uniendo más por reconocernos Corazonistas y compartir cómo se expresa el amor de Dios en cada una de nuestras comunidades. Fuimos descubriendo que tenemos un deseo compartido, internalizado, que nos hace comprometernos en cada acción que realizamos. Saber que somos muchos los que abrazamos la misma misión, con ese impulso espiritual que nos anima y nos permite también animar a los demás, nos dio esperanza.


Durante la sesión reflexionamos mucho sobre ella, la esperanza, y algunas de esas ideas resuenan a diario en mi mente: “ella nos ayuda en medio de las dificultades y nos regala confianza”, “la esperanza suscita nuevas esperanzas”, “AMETUR COR JESU es la esperanza común de nuestra comunidad: dejarnos amar por el corazón de Jesús”. Sin esperanza no podemos caminar y creo que cada uno de los que participamos volvimos con el corazón renovado, con una esperanza y un entusiasmo basados en la fe.


La emoción estuvo presente en cada espacio. En las charlas previas al encuentro nos decían que, además de lo pensado para trabajar o compartir, el ingrediente secreto éramos nosotros mismos, que nuestra predisposición sería lo que definiría en sí a la sesión. Ahora puedo decir que el grupo humano del que formé parte en Barcelona y Lyon se brindó por entero: dio todo de sí, abrió su corazón y se dejó abrazar por el CARISMA. Pudimos crecer juntos en espiritualidad, en conocimientos, en comprender la cultura de cada país y las dificultades que atraviesan, en el respeto por el trabajo del otro como como base esencial de cualquier encuentro.


Doy gracias a Dios por dejarme ser parte de ellos, un grupo que, en lo personal, me brindó cariño y contención fraterna. Doy gracias a Dios por tanta generosidad, por hacerme sentir amada por mis hermanos, por su infinita ternura que contiene en los momentos difíciles, por su confianza en nosotros para llevar adelante nuestra misión. Los llevaré en mi corazón por siempre.


Silvia Rivas

Directora de Secundaria, Lomas de Zamora


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