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Espacio para compartir: Hno Daniel Impellizzieri

Para estos meses de mayo y junio solicité al Hno. Daniel Impellizzieri su contribución. El hermano es conocido por sus reflexiones de pensador innato: da vueltas y vueltas a las ideas porque no se contenta con una solución simple y rápida. Sabe escuchar a su interlocutor, lo que le permite desarrollar con éxito la comunicación con los oyentes de Radio María Uruguay. Propone a los niños y jóvenes la “meditación cristiana”, basada en la tradición orante contemplativa. Tiene a su vez un itinerario de vida que le ha dado la habilidad de acompañar a otros. Les dejo su palabra:



CUATRO INTUICIONES DE ESPERANZA


En el manuscrito II del P. Andrés Coindre, un sermón sobre el cielo, exclama: Quiero despertar vuestras esperanzas, arran­caros de la tierra abriéndoos los cielos”; es el lema de nuestro próximo Capítulo general y de animación para nuestra Provincia.


Encuentro un eco inmediato entre esta exclamación del fundador con el texto paulino de 1 Cor 2, 9: “…Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni ha entrado en el corazón del hombre, es lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman”. No sé si el fundador se inspiró en este texto, pero entiendo que las intuiciones son las mismas: aquello que esperamos con la certeza de las promesas de Jesucristo está más allá en su plenitud y más acá, planificándose, en la claroscura cotidianidad.


Así lo expresa también el P. Thomas Merton (1915-1968) en su obra Pensamientos en la soledad (Ed. Lumen, 2000, p. 32-33):


Mi Señor, no tengo esperanza sino en tu cruz. Tú, por tu humildad, sufrimientos y muerte me has librado de toda vana esperanza. Has suprimido en ti mismo la vanidad de la vida presente, y al levantarte de entre los muertos me has dado todo lo que es eterno.


¿Por qué querría ser rico, si Tú eres pobre?… ¿Por qué debería acariciar en mi corazón una esperanza que me devora –la esperanza de una felicidad perfecta en esta vida– cuando tal esperanza, condenada a la frustración, no es otra cosa que desesperación?


Mi esperanza está en lo que el ojo jamás ha visto… Mi esperanza está en lo que la mano del hombre jamás ha tocado. No me permitas confiar en lo que pueda retener entre mis dedos. La muerte soltará lo aferrado y mi vana esperanza se habrá ido.


Permite que mi confianza esté en tu misericordia no en mí mismo. Permite que mi esperanza esté en tu amor, no en la salud, la fuerza, el ingenio o los recursos humanos. Si confío en ti, todo lo demás se volverá para mí, fortaleza, salud y sostén. Todo me conducirá a los cielos…”.


Por último, les comparto una poesía de esperanza desde nuestra misión de educadores:


SIN PARPADEAR


Mirar y parpadear, asombro y perplejidad,

fluye el cambio repentino en el instante fugaz,

construimos esperanzas tras su leve titilar

y avanzamos casi a oscuras alumbrando la verdad.


La que trae cada niño, en cajitas de cristal,

patrimonio de su herencia que con él va a caminar,

incorporando experiencias que luego modularán

absorbiendo en sus historias, vida, que el maestro da.


La que se da permanece en un lejos más allá,

la que se guarda se pudre evanesciéndose acá:

ser maestro es ser expuesto siempre a lo que vendrá,

pregonero que despierta la conciencia en libertad.


Y no huye de la lucha, aunque quisiese escapar,

lo detiene la alegría, presentida, un futuro por hallar

que esos niños, esas vidas, con sus manos forjarán,

habiendo sido la pista, propulsores del volar.


Señalando el horizonte hacia la luz sin final,

manteniendo la mirada, ahora, sin parpadear

porque cada despegue anuncia:

la aurora

que ha de llegar.



Hno. Daniel Impellizzieri

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