Testimonio del grupo misionero de Montevideo

Después de un año de preparación los motores estaban encendidos y todo cuadró providencialmente para que se pudiera realizar la primera Misión Cor Jesu en tierras uruguayas (al menos la primera desde hace unos veinte años). Así fue como nos encaminamos a Empalme Olmos (a una hora de viaje desde el colegio), donde estuvimos entre los días 18 y 23 de diciembre de 2021.




Creo que esta misión tuvo todos los elementos esenciales de una verdadera Misión Cor Jesu, aunque también algunas características especiales que vale la pena destacar:


  • Desde Argentina: Camila Caligiuri, exalumna, docente y misionera de Temperley y Lomas de Zamora nos estuvo apoyando todo el año, haciéndose presente por Zoom en las interminables reuniones de preparación, en las que nos escuchaba con paciencia y nos orientaba con su experiencia. Pero, lo más importante y lo que más valoramos, es que viajó para acompañarnos durante nuestra primera misión. Fue una embajadora del espíritu misionero Corazonista que nos une y, más aún, una “hermana mayor” para todos los chicos.

  • La comunidad eclesial: cuando llegamos y vimos en la reja de la parroquia el cartel de “Bienvenidos misioneros” supimos que todo iba a estar bien. Ya lo veníamos sintiendo de antes, desde los contactos previos, pero la acogida que nos dieron superó toda expectativa: nos cocinaron, nos regalaron fruta, nos llevaron a sus casas para que pudiéramos bañarnos, el párroco y el diácono nos acompañaron en las celebraciones y el Obispo, Mons. Heriberto Bodeant, dijo presente en la misa de clausura y hasta cantó y tocó en el fogón… y todos esos momentos también fueron misión, para ellos y para nosotros, y contribuyeron a formar un vínculo muy especial.

  • El momento: fue una misión “corta”, cinco días y medio que se vivieron como si hubieran sido diez o quince, pues ya sabemos que cada día de misión vale por tres días normales. Pero, además, fueron días previos a la Navidad y eso le dio un carácter especial, de espera de encuentro con el Dios niño.

  • Los nervios y los despistes: era la primera misión prácticamente para todo el grupo, todo se había hablado “en teoría”, pero faltaba la práctica. Y se fue aprendiendo, se fue haciendo camino sobre la marcha. El primer día alguien se dio cuenta a media tarde que en la mañana había sido el momento de realizar las tareas… pero todo fueron risas y anécdotas positivas.


El relato de lo vivido podría ser infinito, pero, como resumen de lo que se vivió en lo profundo de nuestros corazones, compartimos un texto que escribió una de las chicas durante la misión.


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Cuando te vas de misión, misionando encontrás una nueva vida. Un día sos un cristiano corriente y, al otro, ya sos uno de los Doce en carne propia. Y ahí estás vos, dando tu humilde testimonio, sencillito de palabras y abundante en corazón. En otro momento te agotarías, no caminarías lo que caminás, ni comerías cuanto comés. Tampoco lavarías tantos platos o tendrías tanta paciencia, pero Él te da tanta fuerza y batería que impulsa cada actividad día a día.


Llegás a compartir mesa con personas que jamás imaginarías, te convertís en un breve instante en espectador. Dejás de ser quien predica para disponer el corazón a escuchar el mensaje de otro. Te topás con personas increíblemente maravillosas cuyo relato mueve más que cualquier viento a los mares. Te topás con realidades crudas para masticar y difíciles de digerir. Y todo deriva en un mismo sentimiento. El estar agradecido, plenamente agradecido.


En un instante comenzás a valorar tu vida como nunca antes lo habías hecho. En un simple instante tu realidad se vuelve un milagro frente a las otras perspectivas. En un instante te volvés absolutamente consciente de cada regalo que Cristo te ha hecho: las personas que ha puesto en tu camino, los momentos vividos, todas las experiencias ganadas, los problemas que supieron dejar de serlo, el miedo que pasó a ser aliento y el hastío que pasó a ser gozo pleno.


Misionar te da un giro de tuerca, te tira al agua sin barrera y te baña en un mar de emociones, vivencias y experiencias que te enriquecen en crecimiento. No conocemos la verdad absoluta y muchas cosas pueden ser mentiras, pero lo único que sí sé que es cierto es que Dios actúa.


Ya no importa si Cristo realmente nació en diciembre o si lo hizo en enero. Ya no es relevante si un cura fue malo o bueno. No interesa la corrupción de los malos obradores de nuestra Iglesia. Todo eso queda por fuera cuando hablamos de un Dios que te sacude las venas.


Ya nada interesa ni puede corromperte cuando descubrís lo que la fe genera, cuando caes en la cuenta de que somos muchos hermanos conmovidos por lo mismo, cuando tu amigo llora y se emociona por el mismo motivo, cuando tu pecho se siente en calma y alegría al estar en presencia divina.


No hay explicación lógica que valga ni razonamiento científico que pueda explicarlo, sólo sé una cosa y es lo que vivo como ser humano. Y mi vivencia marca que todo lo puedo en Cristo, que Dios existe y es bueno, que vida por la que pasa es vida que se ve glorificada. No hacen falta más palabras sino su Palabra. Sin Él mi vida no vale nada.


Carolina Hernández

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