Testimonio del grupo misionero de Temperley y Lomas

Siempre dicen que cada misión es única y que no se pueden comparar entre sí, les podemos asegurar que esta misión fue muy diferente a lo que esperábamos. Para empezar, lo distintivo de este año fueron los viajes en tren, los cambios en las cantidades de comidas a último momento, la falta de fogón, camarógrafo, presentadores y sketches. Sin embargo, abundaron las risas y los buenos momentos.





¿Cómo vivimos este año los pilares de nuestra misión?


La espiritualidad la vivimos en el día a día, tanto en comunidad como personalmente. Laudes y completas nos dan un espacio para empezar y cerrar el día de la mano de Jesús, los rosarios acompañados de María, las frases de todos los días para meditar y la vida de los santos que nos guiaron a comenzar la aventura de la santidad que comienza con un SÍ a Dios.


La fraternidad es tratar al otro como un hermano, no sólo ayudándolo en los empleos propios de cada uno, sino acompañándonos mutuamente en el día a día desde la escucha, el compartir un mate, pan de carne o buñuelos de cualquier sobra que se pueda freír. También las tardes de ensayo del coro y del pesebre, la “piculería” y los masajitos, las clases de zumba, los tecitos y charlas a la noche, coronando con el día de quiebre y el día de fiebre.


La misión es el ir de dos en dos llevando y encontrando a Jesús en cada catequesis, en cada sonrisa, en cada visita a las casas. En fin, en el otro.


“Si tenemos que hacer cinco días, haremos cinco días” y así fue. En el séptimo día cayeron cuatro hisopados positivos y, haciendo malabares, a la noche estábamos todos en casa.


Y sin embargo ¡nos llevamos los mejores recuerdos de esta misión! Esperamos que, como los peregrinos de Emaús, cuando Jesús nos hable sintamos nuestro corazón arder.


Lucía Toniutti, M. Paz Arribere e Ignacio Benedetto

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