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VGB 2024: convivencia y espiritualidad

Mi estadía en Villa General Belgrano fue una experiencia que realmente disfruté. Desde los paseos por los impresionantes paisajes cordobeses (¡que por momentos hasta te dejaban sin aire!) hasta las charlas y oraciones compartidas; cada momento ha sido significativo y enriquecedor. Desde el primer día me sentí muy acompañado. Con los chicos sentí una cercanía como si ya nos conociéramos. Armamos un ambiente fraterno compartiendo oraciones, juegos y momentos de risas que nos unieron mucho.

 

Nuestra rutina arrancaba temprano con la oración de la mañana en la capilla y, seguidamente, teníamos la misa con el Padre Juancho. Luego del desayuno, los Hermanos Javier Lázaro y Gastón Spahn guiaban las reflexiones. Fue muy reconfortante poder compartir lo que nos llegaba al corazón. Me encontré en estas reflexiones con momentos de introspección y conexión con el Espíritu. Cada lectura del Evangelio resonó en una parte de mí, al igual que las meditaciones compartidas, ayudándome a fortalecer mi oración y a encontrar a Dios en mi vida diaria.


Por la tarde, después de rezar el rosario, salíamos a caminar. Conocimos el centro, recorrimos “la Villa” para conocer al Cristo Grande (el primer día por el camino “corto” y en otra oportunidad por el camino “laaaaaargo”, a pesar de los intentos del Hno. Mario Stempel por tomar atajos), subimos a visitar a la Virgen del Cerro y bajamos por el sendero del Pozo Verde. ¡Hasta nos tomamos una noche para probar la cerveza! (si no, no podíamos decir que habíamos estado realmente en Villa Gral. Belgrano…).

 

Ya de noche, nos esperaba una rica cena preparada por Nancy y teníamos un momento de compartir la experiencia del día y alguna que otra picardía. A pesar del día movido, no queríamos ir a dormir todavía y nos íbamos a la Capilla a cantar y alabar al Señor hasta más entrada la medianoche (y si no me creen pregúntele a Lázaro si se escuchaba…).

 

En lo personal fue una experiencia muy enriquecedora. Las reflexiones me ayudaron a profundizar en mi fe y las salidas fueron momentos de paz y caminar fraterno, donde los cantos y las risas no faltaron. Al principio, la rutina puede que me resultara un poco intensa, pero una vez entrado en ritmo estaba esperando que llegara cada momento con ansias. Realmente fue una caricia al alma. Vi el amor de Dios reflejado en cada uno de nosotros y todo esto me fortaleció espiritualmente para el resto del año.

 

Quiero agradecer a todos por compartir esta experiencia. Ha sido una alegría haberme cruzado con ustedes, chicos, en el camino de la fe. Y a los hermanos les agradezco por su apoyo y por estar siempre ahí para nosotros. Espero que nos volvamos a encontrar pronto. ¡Que el Sagrado Corazón nos siga acompañando en nuestro camino! Sea éste más largo o más corto, con Cristo como fin en nuestras vidas, llegaremos siempre a destino.

 

Joaquín Basile



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