9 de enero: Aniversario de la muerte del Hno. Policarpo



Hoy se cumplen 157 años de la muerte del Venerable Hermano Policarpo, o mejor dicho de su nacimiento para la vida eterna. Él fue el primer Hermano en ocupar el cargo de Superior General, pero fue mucho más que eso: fue un ejemplo, un guía, un mensajero de Dios para nuestra comunidad. Sin Policarpo seguramente hoy no existiríamos los corazonistas. Su confianza absoluta en Dios y su entrega sin medida permitieron que nuestra pequeña familia religiosa sobreviviera en los peores momentos de su historia, y no sólo eso, sino que saliera fortalecida y engrandecida. Por eso es justo recordarle siempre, especialmente en esta fecha, y dar gracias a Dios por su vida.


El Hermano Policarpo nunca tuvo muy buena salud. En varias ocasiones tuvo enfermedades de las que todo el mundo pensaba que se moría. En cuanto se recuperaba se ponía a trabajar de nuevo, haciendo largas caminatas para visitar a todos los Hermanos y a los alumnos, que tan contentos se ponían cuando recibían su visita. Cuando tenía 58 años, se sintió de nuevo enfermo. Los médicos no le dieron mucha importancia pero él se dio cuenta de que su muerte estaba cercana. Pasó una semana rezando para prepararse a ese momento. Después fue visitando las comunidades para irse despidiendo de los Hermanos.


A principios de 1859 tuvo que guardar cama. Unas palabras que le gustaba repetir era: “¡La voluntad de Dios, que se haga siempre su voluntad!” El día 9 de enero murió nuestro hermano Policarpo. Todos decían: “ha muerto un santo”. En 1984 el Papa Juan Pablo II declaró solemnemente que el Hermano Policarpo había sido un modelo para todos y que era digno de ser imitado. Desde ese momento ya podemos llamarle "Venerable Hermano Policarpo".


Celebración para la comunidad

1. Ambientación:


“No había nada alarmante en el estado de nuestro querido enfermo; sufría poco, no tenía fiebre, el doctor sólo veía una debilidad extrema, provocada, según él, por las privaciones, por las austeridades del buen Hermano Superior. El martes hubo permiso para dar algo de alimento al enfermo... El miércoles y el jueves creíamos en su mejoría. El viernes le volvió la fiebre; el doctor creyó que se le había dado demasiado vino; se le suprimió. El sábado, fiebre persistente, dificultad en la respiración, dolor de garganta. Yo no tenía ya esperanzas, pero en la casa seguían confiando. Rogué al querido Hermano Adolphe que viniera a cuidarlo. La noche no fue en modo alguno peor que la anterior. El enfermo bebía de vez en cuando; incluso decía algunas palabras cuando se le preguntaba, pero con dificultad debido al dolor de garganta. Hacia las cuatro de la madrugada, la respiración pareció más dificultosa, el enfermo más hundido; a cada lado de la boca había un poco de espuma. Se llamó a los Asistentes, yo también bajé. El capellán llegó a la vez que nosotros y se le administró la extrema unción. El enfermo conservaba totalmente el conocimiento: se santiguaba, se secaba los labios con el pañuelo, daba la mano y cerraba los labios para las unciones...

Cuando el capellán hubo terminado, se marchó para ir a decir la misa a los chicos. Eran las cinco y cinco de la mañana. Acompañé al capellán hasta la mitad del pasillo. Volvimos a entrar enseguida. ¡El hermano Policarpo acababa de dormirse para siempre! Un Hermano acababa de darle dos cucharadas de tisana; al ir a darle la tercera, vio que el enfermo alzaba los ojos, después ¡fue el final! ¡Eran las cinco y ocho minutos! ¡Así esta alma santa voló sin el menor esfuerzo, sin el menor ruido, en la más perfecta paz, como había hecho todo en vida, silenciosa y recogidamente! Por mi parte, entre lágrimas, daba gracias al buen Dios por haberme hecho presenciar la muerte de un santo”.

(Hermano André, director del internado de Paradis, testigo de la muerte del Hermano Policarpo)

2. Himno:

Porque tú nos enseñaste que Dios es brisa del alba,

a la vez robusta y blanda, no un rayo de terror.

Porque tú nos enseñaste que los hombres no se tallan

por su ciencia ni su plata, sino sólo por su amor...

¡Déjanos llamarte Maestro y Hermano!

Porque tú nos enseñaste que el maestro verdadero

no rehúye el sufrimiento ni se hunde en el dolor.

Porque tú nos enseñaste que es tan grande ser maestro

que no existe en tierra y cielo más maestro que tu Dios...

¡Déjanos llamarte Maestro y Hermano!

Porque tú nos enseñaste que Dios es brisa del alba,

a la vez robusta y blanda, no un rayo de terror.

Porque tú nos enseñaste que los hombres no se tallan

por su ciencia ni su plata, sino sólo por su amor...

¡Déjanos llamarte Maestro y Hermano!

Porque tú nos enseñaste que el maestro verdadero

no rehúye el sufrimiento ni se hunde en el dolor.

Porque tú nos enseñaste que es tan grande ser maestro

que no existe en tierra y cielo más maestro que Jesús...

¡Déjanos llamarte Maestro y Hermano!

3. Salmo 14

Ant/ “Una corona particular espera a los buenos religiosos en la bienaventurada eternidad”.

¿Quién será invitado a tu casa, Señor?

¿Quién será recibido en tu casa?

Ésta es la eterna pregunta de tus hijos.

Y, sin embargo, Tú les has dicho:

El que se comporta bien, el que se esfuerza en ser honesto

y cuyo corazón es recto.

A ése lo cuentas entre el número de tus amigos.

El que sabe contener su lengua,

el que no hace sufrir voluntariamente a su hermano,

ni insulta a su prójimo.

A ése lo cuentas entre el número de tus amigos.

El hombre de palabra, el que no explota a los demás

ni hace nada por perjudicar a nadie.

A ése lo cuentas entre el número de tus amigos.

Gloria a ti, Padre, ¡aleluya! Gloria a ti, Hijo, ¡aleluya!

Gloria a ti, Espíritu Santo, ¡aleluya! Eternamente, ¡aleluya!

Ant/ “Una corona particular espera a los buenos religiosos en la bienaventurada eternidad”.

4. Lectura de la Palabra: 1ª carta a los Corintios 2, 1-5

Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

5. Testimonios de su santidad:

“Sabed -escribe el H. Benjamín, contemporáneo del H. Policarpo- que de todas las personas que conocieron a nuestro queridísimo Hermano Policarpo -sacerdotes, Hermanos, alumnos, seglares- no hay ni una sola que no haya admirado su vida y que no lo haya tenido como a un santo.

He aquí la fama de santidad de la que ya gozaba nuestro Venerable Hermano Policarpo en vida y tras su muerte. Una reputación que el Papa Juan Pablo II confirmó al escribir de él: “Resulta claro que el Siervo de Dios, Policarpo Gondre, practicó en grado heroico las virtudes de Fe, Esperanza y Caridad para con Dios y con el prójimo”.

6. Preces:

  • El Hermano Policarpo decía: “Sí, estoy firmemente resuelto a imitar en todo a Jesús y a no vivir más que para él y para alcanzar más fácilmente mi fin pondré los medios necesarios”.

Queremos que nuestro proyecto personal de vida y el proyecto comunitario den prioridad al encuentro con Jesús en la oración, experiencia que compartiremos con nuestros hermanos y con todos.

  • El Hermano Policarpo decía: “Estudiaré las admirables virtudes que Él me ha dado como ejemplo: la humildad, la pobreza, la obediencia, la caridad, la bondad, el celo por servir a su Padre, la salvación del prójimo”.

Te damos gracias por Jesús-Hermano, que quiere llenarnos de su compasión salvadora y transformarnos para una más profunda comunión con los demás.

  • El Hermano Policarpo decía: “He conocido hasta la evidencia la imperfección de mis obras. He tenido horas y días vacíos. Decididamente quiero reformar mi vida. Hasta ahora no he hecho sino vanas promesas”.

Perdón porque no siempre hemos tenido el valor para ser fieles a nuestro compromiso de entregar nuestra vida al servicio Dios en el anuncio del Reino que está ya presenten entre nosotros.

  • El Hermano Policarpo decía: “Sed fieles en guardar los santos compromisos que contrajisteis con el Señor, y que tenéis que renovar cada día, de castidad, pobreza, y obediencia”.

Nos comprometemos a vivir según nuestros votos para ser testigos de esperanza en un mundo que ha perdido muchos de los valores que dan sentido a una vida.

  • Te suplicamos, Jesús misericordioso, por los enfermos encomendados a nuestras oraciones, por las vocaciones corazonistas y por la fidelidad a nuestra propia vocación.

Oración en silencio por estas intenciones

Padre nuestro…

7. Conclusión:

Señor Padre nuestro, que diste al Venerable Hermano Policarpo la gracia de traducir en su vida el deseo y la voluntad de tender sin cesar a la perfección de la caridad; concédenos, a ejemplo suyo, experimentar la necesidad de ser mejores cristianos cada vez que invitamos a los demás -y a los jóvenes en particular- a progresar en la virtud. Y, puesto que él nos ha mostrado ya el camino, que él mismo nos arrastre suavemente en su seguimiento por el poder de su intercesión y del buen ejemplo que nos dejó. Te lo pedimos por Jesús y en el Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén.

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