Rencuentro Virtual en el Carisma – SIC 2017

El 18 de julio pasado tuve la grata sorpresa de poder participar del Rencuentro Virtual en el Carisma con mis compañeros de Perú, Brasil, España, Uruguay, Argentina y Colombia, lugar que en el año 2017 nos acogió para transitar esa maravillosa experiencia de espiritualidad. Esperaba con gran entusiasmo la hora de conectarnos. A las 10:00 de la mañana, de a poco, todos fuimos ingresando a la plataforma virtual. La alegría, la ansiedad, el volver a pasar por el corazón la Sesión que nos permitió conocernos y sabernos unidos en el mismo Carisma, era lo que nos volvía a reunir.

Ya nos conocíamos un poco más que hace tres años. Con el mismo sentir de entonces, el deseo de formar Comunidad, la ansiedad fue quedando de lado para sabernos unidos en el Amor al Corazón de Jesús. Ahí estábamos todos juntos otra vez, con las ganas renovadas de volver a encontrarnos. En mini segundos pasaron por mi memoria muchísimos recuerdos: hechos, imágenes, la oración comunitaria, los juegos, los almuerzos, las alegrías, las emociones encontradas, las charlas vividas en fraternidad, el retiro, las misas...

Ese mirar hacia atrás enseguida me lleva a repensar dónde estoy hoy, cómo esas huellas permanecen imborrables y cómo fui construyendo a partir de ellas. Volver a pensar qué hice, qué hicimos como grupo, qué nos cambió, qué permaneció desde aquella Sesión Internacional del Carisma hasta el día de hoy, es lo que, en este presente, me permite volver a activar ese fuego interno del Carisma. Esta experiencia trasciende lo espacial y me da la seguridad del volver a elegir y saberme elegida al mismo tiempo.

Como grupo pudimos sostener y fortalecer el sentido de pertenencia con más compromiso, con más madurez quizás, con una espiritualidad en crecimiento progresivo, muy presente tanto en nuestra tarea de educadores como también en nuestra vida personal.

El reencuentro nos afianza en el sentir que no estamos solos, nos regala la posibilidad de dar testimonio en la comunidad y nos lleva a definir nuestro compromiso con el servicio y el acompañamiento al otro.

Sólo queda el agradecimiento por esta oportunidad de crecimiento personal, pero, desde un mirar hacia el futuro, siempre queda mucho por hacer, por proyectar, un “hacia dónde ir”. Y así lo haremos, con “ánimo y confianza”, porque sabemos que, al formar comunidad, podemos enfrentar las dificultades que se nos presentan, seguir construyendo, contagiar nuestro Carisma con alegría y fortalecer lazos como educadores Corazonistas.

Gracias Hermanos Emilio, Jean-Paul y Claudio, por ser nuestros guías y animadores.

Sandra Marcela Vales, Temperley

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