Camino al Bicentenario

La herencia viva más importante de nuestra fundación es la espiritualidad, centrada en los Corazones de Jesús y María. Los primeros hermanos sintieron que el amor del Corazón de Jesús les urgía a extender su Reino entre los niños y jóvenes, como forma real de que encontraran un sentido profundo a sus vidas. Así quisieron vivir el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16, 15).


El corazón hace referencia al ser de la persona, el núcleo donde se centran los sentimientos, los pensamientos y los deseos más profundos de la voluntad del hombre. Por eso los hermanos estamos llamados a educar el corazón, con una referencia clara y absoluta al Corazón de Jesús y seguros de que de ahí procede la gracia que necesitamos.


El Sagrado Corazón es el inspirador de una verdadera pedagogía que está centrada en la persona y que supone llegar a la interioridad de los alumnos, respetando su dignidad y libertad. Los hermanos descubrimos que la referencia al Corazón de Jesús despierta los ideales más excelsos, mueve los sentimientos más íntimos y compromete todos los esfuerzos. Como Corazonistas expresamos en nuestras vidas el celo de Jesús: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12, 49). Sabemos que es el fuego divino, que nunca se agota, que pasa de generación en generación y que siempre es nuevo.


Para el educador la amistad con el Sagrado Corazón es un estilo de vida que se hace patente en la humildad y la mansedumbre, en el servicio a los más pequeños; es un encuentro personal con Cristo en la oración diaria y en el trato de amistad continuo; es asumir sus sentimientos en las relaciones con los demás, descubriéndolo en lo candidez de los niños; es verlo en cada gesto de bondad y en la confianza infinita en las posibilidades que tenemos en la misión que nos encomienda.


Para los niños o jóvenes en formación (y para todos los que seguimos siendo aprendices y discípulos) el Sagrado Corazón implica el trato de amistad cotidiana con Jesús, saberse amados por encima de todo, confiarse a su cuidado, descubrir su presencia en los propios corazones, el desafío de identificarse con Él y buscar parecerse a Él… Estos son también elementos que el educador Corazonista va ayudando a descubrir con el acompañamiento y la escucha.


Hno. Javier Lázaro

Superior Provincial

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