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SIC 2023 - Educar es un acto de esperanza

Hace un par de meses en Marinilla, Colombia, se llevó a cabo la Sesión Internacional del Carisma donde tuve la dicha de poder coincidir con representantes de diferentes países. Fueron trece días muy intensos, colmados de muchas actividades, recorridos, intercambios y alimento espiritual que me posibilitaron conocer en profundidad nuestros orígenes, nuestras raíces, qué fue lo que motivó y movilizó el corazón de nuestros hermanos fundadores para que hoy podamos entender y dar sustento, estabilidad y solidez a nuestro accionar.


Algo muy curioso e interesante es que, sin conocernos, sin saber del otro, todos compartimos el mismo carisma, se podían ver reflejados los mismos dones que nos fueron entregados: una verdadera familia Corazonista que, afortunadamente, con el paso de los días se pudo amalgamar creando lazos de amor que perdurarán en el tiempo.



El Padre Andrés repetía “He venido a traer fuego a la tierra y no deseo, sino que arda” (Lc 12, 49) y ¡vaya sí se pudo vivenciar en esta sesión! Un encuentro donde todos nos sentimos convocados en torno al Corazón de Jesús, un corazón deseoso de arder e invitarnos a llevar ese fuego a nuestros lugares para poder transmitir y contagiar lo bello del amor de Dios, pero, principalmente, continuar con el legado que comenzó allá por 1821.


Recordando las sabias palabras del Padre Andrés “quien hace lo que puede hace lo que debe”, es que debemos saber que, por mínima que sea, nuestra colaboración es suficiente y aporta calor a este Corazón ardiente. Sabemos que las vicisitudes cotidianas muchas veces nos hacen dudar y flaquear en nuestro trabajo diario, pero es en esos momentos principalmente donde debemos recordar y apoyarnos en todo el camino recorrido, en todo lo que se trabajó. Saber y tener presente que lo que moviliza nuestros corazones y le da sentido a nuestra labor como educadores es la esperanza. La esperanza de saber que se puede, que no estamos solos y que las adversidades son las que nos dan la fortaleza necesaria para afrontar la realidad. Nunca estamos solos, siempre contamos con una guía, una luz en el camino y es ahí donde debemos agudizar nuestra mirada para hallar un estímulo de esperanza: “La esperanza brilla más cuando más oscuro es el panorama”. En simples palabras: “Educar es un acto de esperanza”.


Hoy nuestra misión es mantener viva esa llama, iluminar los lugares más oscuros y potenciar los pequeños signos. Imitar el corazón compasivo del Padre Andrés y la simpleza del Hno. Policarpo para poder brindar esperanza. Educar fraterna y fervorosamente, siendo servidores del amor de Dios. Recordando que primeramente debemos creer en el amor de él, vivirlo, para posteriormente poder difundirlo.


Romina Valeria Rolhaiser

Vicedirectora de Primaria, Venado Tuerto

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