Una pandemia que adelanta el futuro


En el año 2020 y continuando en este año 2021, se ha modificado radicalmente el concepto de la enseñanza tradicional en forma presencial, dando paso a un nuevo concepto de comunicación pedagógica que es la “virtualidad”. Este fue implementado en forma radical, casi instantáneamente, y nuestra forma de enseñar tuvo que ser modificada.


Así empezamos a armar y desarmar los contenidos para evaluar cuáles se adaptaban más amablemente a esta nueva forma de relacionarse con los alumnos; probamos las nuevas “aulas virtuales” y las distintas formas de exponer, de explicar, de presentar la información; nos cuestionamos los criterios de evaluación; trabajamos en los aspectos que hacen a la motivación de los alumnos… Y todo en el marco de una angustiante realidad, que sostuvimos tratando de mitigar los miedos y reforzando el concepto de la responsabilidad, que todos compartimos en esa (esta) realidad.


Al inicio de este año escolar 2021, esta situación se replicó en una forma combinada de “presencialidad” y “virtualidad”, dividiendo las actividades en las distintas modalidades. Necesariamente se revieron los contenidos, se reordenaron, hubo priorización de temas y sobre todo un trabajo de contención mutua entre el profesor y los alumnos. Todo este proceso ha generado incertidumbres, temores, desafíos… y también satisfacción en los aciertos, que se logran al aprender a combinar técnicas y recursos antes casi desconocidos.


Vivimos con un sentimiento de estar permanente interpelados por los constantes cambios en el contexto, experimentamos grandes decepciones cuando los esfuerzos no concretan los logros esperados (principalmente cuando las clases virtuales no permiten alcanzar los objetivos planteados) y sentimos felicidad en el derrotero diario, a pesar de las nuevas características del proceso de enseñanza y aprendizaje.


Lejos de pensarnos aislados, los profesores y los alumnos estamos todos aunados en el Colegio Benito Nazar y su impronta Corazonista. Estamos entrando en ese futuro tan difícil de imaginar, que vislumbra fuertemente un cambio de paradigma. Necesariamente tuvimos que adaptarnos y renovarnos, implicando a toda la estructura organizacional del colegio: Hermanos, directivos, auxiliares, técnicos, docentes y alumnos funcionando en un sistema de mutua contención. Aquí, en esta tarea, se plasmaron las palabras del Padre Andrés Coindre: “Cuando uno va solo en un largo y fatigoso viaje, se cansa pronto, y para sostenerse no encuentra más que recursos comunes y ordinarios; pero, al contrario, cuando son varios los que van juntos, caminan con seguridad y ánimo, se presentan nuevos apoyos.”


Tal vez, esta facilidad de ir juntos se concreta por un impulso recibido desde los fundadores, que permanentemente nos empujan sin cesar a la creatividad, a nuevas iniciativas. Yo creo que tratamos de ser y somos hoy, de corazón, el Padre Andrés Coindre, para vivir nuestro carisma en el presente. ¿Será que se presenta este gran desafío en el segundo centenario del Instituto de los Hermanos del Sagrado Corazón para revitalizar la creatividad, la adaptación de los aspectos fundamentales del carisma del fundador en nuestras obras? Estoy convencido de que sí, porque estas circunstancias afianzan el camino elegido.


Daniel González

Profesor del colegio Benito Nazar

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